domingo, junio 22, 2008

Juan Carlos Bustriazo Ortiz.

I
Tan huesolita que te ibas
tan envidiada de qué sombras la tierra ardía huesolita
la siesta ardía melodiosa tan como ibas tu sonrisa era
una piedra arrobadora y era otra piedra mi costilla
dulcequeamarga solasola cuajada de alta pedrería eran
tus voces tan palomas eran tus manos piedras finas
guitarra tan azuladiosa eras la piedra que acaricia piedra
te ibas quién te roba última brisa de la brisa o
flauta mía o leja y rota tan huesolita que te ibas tan
de la gracia mucha y poca si cuando vuelvas ves mis
días oh piedra llena llaga
hermosa!
V
Te regalé unas cuentas indias
y había un color de aroma hereje tan sobre mi caía el
cielo amarilleaba su piel verde yo sé que labro joya
oscura sólo por vos que me la entiendes porque a vos
te hablo en esta piedra enrumorada de caldenes quién
sino vos me la naciste y en quién sin vos ella se mece
te di en la tierra qué colores sonorositos magamente
remotas gemas de collares ascuas de piedras de otras
gentes besos de piedras recobradas entre tus manos
vieja fiebre alegría vieja o amoríos de aquella aquel que
están sin frente te regalé gualicheríos piedras de dulces
redondeles
de Elegías de la piedra que canta, 1969
4
y crecía la hornalla hosca
en aquel pueblo de hornos pérfidos
eran mayas eran aztecas
eran quichés de estuco y lágrima?
eran teocallis bermellon
eso pirámides de tierra terca?
eran hombres de barro fresco
recién hacidos por el gran padre?
eran esclavos colorados
o eran grietosos cuasi hombres?
pero crecían las hornallas
trabajosamente crecían
empinábanse con dolores
para que cuajaran panes panes
eran palacios de gentes torvas
o con máscaras de barro impuro?
con inocentes mascarillas
gentes que siempre comerán barro?
crecía la hornalla cumplíase
entre colorinches y desvelos
17
y anduve solo y no era la luz
fuíme por duros corredores
por los pasillos pesaroso
y saquéme un papel azafrán
con un saludo de tez granate
“he aquí que llégueme a verte
juancarlos estuvo en esta torre”
y fuíme solo y no era la luz
por los pasillos musitantes
atrás dejé los corredores
negros y más que hechos con cuervos
quedóse el papel inclinado
esperando tus ojos de mora
y como un ciego fui con las manos
interrogando a las paredes
buscando la puerta brillante
los tragaluces del castillo
el aire que andaba en el mundo
“juancarlos estuvo en este cuarzo”
fuíme solo y no era la luz.
de Unca bermeja (1973), 1984
Quetral 4
Quetral del salamanquero,
del indio rico Antipán,
de aquel Jesús Calluhueque
borracho en la soledad…
“Los brujos dan sus poderes,
le piden prendas al hombre:
tuve que darles mi matra
bordada con arreboles.”
Quetral del brujo piedroso,
de aquella pipa de piedra,
o del matuasto tejido
por el señor-de-las-sierras…
II
“Y yo les di mi cuchillo
de fino cabo de plata…,
y al poco tiempo murió
mi amor sin besar mi almohada.”
Quetral del pardo mortero,
del raspador transparente,
lengua filosa, luz lanza,
tajo nomás, llaga siempre…
Salamanquero yo fui,
y era Juan Paulo Durazno,
Honorio Manquepillán,
el Nicolás Antenao.
…víbora de colores terribles…,
onduloso chasquido
bajo el abuelo Sol, el Gran Cabeza de Oro…
Sangrecita casi flauta,
torturada, torturada…
Apágame ya
este canto…
Ay, víbora,
tu silbo
rojo
de Quetrales. Cantos del añorante (1967), 1991
Sexta Palabra
Qué convulsión del cielo me amenaza
en lo creencial del mundo que me enluja
con los errantes velos de la bruja
que ayer quemé, cuya ánima me abrasa
de septentrión a meridión? Me arrasa
el corazón, las testes, si me estruja.
Cuadragésima Primera Palabra
pasa bustriazo el viejo con el joven
bustriazo azul de serle el sentimiento
la flor la luz el agua en el momento
de la enjutez del vago pensamiento
la sangre infiel bustriazo el viejo el joven
en paz en pos de su destino el reto
de su vivir bustriazo el viejo el joven
cristal de roca ya cuarzo coleto
tan pedernal de sí el viejo el joven
bustriazo va le brilla el esqueleto
(Ruta 5 y “San Cayetano”
Domingo de Resurrección)
Cuadragésima Tercera Palabra
Adónde vas, poeta nochernícola,
de austera sal, de halo melancólico?
Y el primo amor, o bien, el tu penúltimo?
Y el vaso azul? Erótico y arqueólogo
te sientes bien, mi vate, muy católico?
Eres o no el juglar, el archimítico,
el hacedor maniático, elegíaco
de tu canción? O estrilas de neurótico
talante, o vas de túnica, de báculo
por la vastura de la noche eólica?
Ay semoviente, austral humano mágico,
nómade Juan, desnudo en lo fonético?
(Ruta 5, divagando bajo el
pánfilo viento)
de Libro del Ghenpín (1977), 2004
balada arcaica
ya te vas vegetal tornasolada no me prendas la flor del exterminio fulgimiento del agua de los ojos no me prendas la flor del exterminio hinchamiento del cielo qué potencias no me prendas la flor del exterminio qué hinchadura del mundo taza turbia no me prendas la flor del exterminio con el hijo salido de tu entraña no me prendas la flor del exterminio con el ala punteada de tu ángel no me prendas la flor del exterminio con arcillas que vuelan soberanas no me prendas la flor del exterminio en olor de adiós que me espeluza no me prendas la flor del exterminio con tu boca antañera tras tu boca no me prendas la flor del exterminio en amor de tu sombra sonadora no me prendas la flor del exterminio!
27 y 28
para vos, dueña de los ponientes
de Canción rupestre, 1972, inédito
el intenso dice
un adiós el intenso dice una sombra mi amor aterciopelada palaciega en esta tarde regocijante y tristonosa las gentes se ponen máscaras oh no mi amor se sacan los rostros se arrancan infantilizados la identidad remota y saltan saltan y no son langostas siquier y tristemente remedan al ancestral sagrado qué estoy diciendo mi amor yo celebrante rojo celebrante amarillo y negro y azul huelo a collón a piedra pintada a sien quemada huelo a corazón ahumado huelo a rodillas blanconas a canillas bermejas mi amor dios quiera que no pienses como yo en esta tarde que huele a tambores colorados a bajo vientre castaño a tobillos simplones a talón pintarrajo mientras la soledad los va comiendo y chilla
(t. 23, 24)
a ch
de Caja amarilla, 1973-1974, inédito
Nota: Los fragmentos de textos fueron extraídos de la siguiente página http://laseleccionesafectivas.blogspot.com/2006/10/juan-carlos-bustriazo-ortiz.html

jueves, junio 12, 2008

Juan L. Ortiz.


Oh, las figuras del cariño, ¿dónde,
dónde ellas?

Llueve en mi corazón y llueve sobre el Yan-Tsé…

Pero ¿por qué no estáis aquí,
vidas, oh dulces vidas, a las que yo no sabía en otro espacio, también,
que el de mi corazón…?

Llueve en mi corazón y llueve sobre el Yan-Tsé…

¿Por qué no estáis aquí
enjugando conmigo o tratando de enjugar
el gris de Octubre?

O no seríamos, ya, junto con el río de la media-tarde,
más que unos hilos, unos hilos
para una suerte de trama que la melancolía misma está perdiendo,
perdiendo?

Llueve en mi corazón y llueve sobre el Yan-Tsé…

De lágrimas Octubre, aquí, y acaso,
allí…
Pero allí será de alas, alas hasta en los pies, y aún en medio, ¿no?
de unas cortinas de nupcias,
y con mandolinas todavía por ahí… por las heridas
de los pajarillos, ¿no?
que corridas las cortinas, han de abrirle repentinamente, no
las fugas de los confines…

Volará y bailará, ¿no? de jacarandaes…
Mas ¿estáis aquí?
Os miro a mi lado, los ojos en los míos…
¿De quiénes o de quién las estrellitas que mojan el minuto?
Unas pestañas, entonces, ¿de nadie?

Y me doblo como un sauce…
Y sigue lloviendo en mi corazón y sigue lloviendo, lloviendo,
lloviendo…
lloviendo sobre el Yan-Tsé…

sábado, junio 07, 2008

Sujeto a destrucción

vino, a mi jardín,
la vaca sagrada de la literatura

vino con su lomo de no ser montado,
con los dos ojos anhelantes de toro negro,
con los mugidos rotos de vaca vieja
a comerme las flores, vino,
a morderme la ropa tendida,
como un caníbal,
vino, como un político,
a arengarme, a pisotear mi casa,
a cagar en mis cortinas, vino,
sí, a meter bulla al vecindario
y sembrar la discordia,
a perder las manzanas nuevas,
las brevas de los higos
que crecían como pechos en
los árboles fragantes y altos,
a espantar los pájaros

entonces,
harta, jodida,
le grité:
“con tu leche a otra parte, vaca!”
y se fue con su vacuno trote
a jardines más fecundos
a mujeres más dóciles
a refregarse en sus faldas
como en un palenque
y se quedó ahí,
con las santas de siempre,
con las que hablan bajito
con las correctas

jueves, mayo 29, 2008

Las puertas del cielo


Tanto como fuiste mío, curiosa la crepitación que le daba el parlante a la voz de Anita, otra vez los bailarines se inmovilizaban (siempre moviéndose) y Celina que estaba sobre la derecha, saliendo del humo y girando obediente a la presión de su compañero, quedó un momento de perfil a mí, después de espaldas, el otro perfil, y alzó la cara para oír la música. Yo digo: Celina; pero entonces fue más bien saber sin comprender, Celina ahí sin estar, claro, cómo comprender eso en el momento. La mesa tembló de golpe, yo sabía que era el brazo de Mauro que temblaba, o el mío, pero no teníamos miedo, eso estaba más cerca del espanto y la alegría y el estómago. En realidad era estúpido, un sentimiento de cosa aparte que no nos dejaba salir, recobrarnos. Celina seguía siempre ahí sin vernos, bebiendo el tango con toda la cara que una luz amarilla de humo desdecía y alteraba. Cualquiera de las negras podría haberse parecido más a Celina que ella en ese momento, la felicidad la transformaba de un modo atroz, yo no hubiese podido tolerar a Celina como la veía en ese momento y ese tango. Me quedó inteligencia para medir la devastación de su felicidad, su cara arrobada y estúpida en el paraíso al fin logrado; así pudo ser ella en lo de Kasidis de no existir el trabajo y los clientes. Nada la ataba ahora en su cielo sólo de ella, se daba con toda la piel a la dicha y entraba otra vez en el orden donde Mauro no podía seguirla. Era su duro cielo conquistado, su tango vuelto a tocar para ella sola y sus iguales, hasta el aplauso de vidrios rotos que cerró el refrán de Anita, Celina de espaldas, Celina de perfil, otras parejas contra ella y el humo.
No quise mirar a Mauro, ahora yo me rehacía y mi notorio cinismo apilaba comportamientos a todo vapor. Todo dependía de cómo entrara él en la cosa, de manera que me quedé como estaba, estudiando la pista que se vaciaba poco a poco.
-¿Vos te fijaste? -dijo Mauro.
-Sí.
-¿Vos te fijaste cómo se parecía?
No le contesté, el alivio pesaba más que la lástima. Estaba de este lado, el pobre estaba de este lado y no alcanzaba ya a creer lo que habíamos sabido juntos. Lo vi levantarse y caminar por la pista con paso de borracho, buscando a la mujer que se parecía a Celina. Yo me estuve quieto, fumándome un rubio sin apuro, mirándolo ir y venir sabiendo que perdía su tiempo, que volvería agobiado y sediento sin haber encontrado las puertas del cielo entre ese humo y esa gente.


Julio Cortázar; Bestiario, Buenos Aires, Sudamericana, 1994
Nota: La imagen pertenece a Pablo Velasco.

martes, mayo 27, 2008

Lo viejo.

¿Quién eras, entonces, digamos ...por 1995?

Eras la opera proibita
que las nenitas de mamá
tocábamos
de oído.

domingo, mayo 25, 2008

Cosmogonías.

para Amelia, que pronto va a estar celebrando la vida con los brazos llenos de su recienvenido al mundo...
*
*
*
*
dios se cebaba en el placer
de acariciarse el terso cuero
de olerse el humo agrio de las axilas
de refregar su mundo de cuerpo y de ojos
en las alas insípidas y lustrales
de los ángeles

olfateaba el viento
dormía en las grutas
imaginaba pueblos, banderas,
terrazas,
troya ardiendo
cosas que le quemaban el pulso

un día tuvo un deseo violento:
inventar, de golpe y para siempre
un animal que lo pensase

hágase el mono, dijo
pero los monos sólo se arrancaban los piojos con las uñas
sólo se columpiaban
sólo roían las frutas amargas,
las frutas dulces,
los monos sólo jugaban al sexo
veían arder los cometas
los monos sólo hacían la siesta
se cubrían de los insectos
daban de mamar

hágase el pájaro, dijo
pero los pájaros sólo vivían trastornados de amor
por la luz
sólo cantaban, nadie los veía morir,
sólo sabían ser frágiles y amasar el barro,
sabían vivir con semillas
llenar de fuego el aire

hágase el hombre, la hembra, dijo dios,
con una voz tensa,
fuerte como el vino y los caballos,
brava como el miedo
cuando con el miedo no hay esperanza

pero el hombre y la hembra
sólo sabían hacer
como los monos y
como los pájaros
pasearse por la lluvia,
andar desnudos
e ir de la rama al cielo,
recién despiertos, naciditos,
sin saber qué hacer con el mundo
ni con dios




martes, mayo 20, 2008

ERNESTO CARDENAL Y YO


Iba caminando, sudado y con el pelo pegado
en la cara
cuando vi a Ernesto Cardenal que venía
en dirección contraria
y a modo de saludo le dije:
Padre, en el Reino de los Cielos
que es el comunismo,
¿tienen sitio los homosexuales?
Sí, dijo él.
¿Y los masturbadores impenitentes?
¿Los esclavos del sexo?
¿Los bromistas del sexo?
¿Los sadomasoquistas, las putas, los fanáticos
de los enemas,
los que ya no pueden más, los que de verdad
ya no pueden más?
Y Cardenal dijo sí.
Y yo levanté la vista
y las nubes parecían
sonrisas de gatos levemente rosadas
y los árboles que pespunteaban la colina
(la colina que hemos de subir)
agitaban las ramas.
Los árboles salvajes, como diciendo
algún día, más temprano que tarde, has de venir
a mis brazos gomosos, a mis brazos sarmentosos,
a mis brazos fríos. Una frialdad vegetal
que te erizará los pelos.

martes, mayo 13, 2008

Nazim Hikmet.



/un día me enamoré de un hombre:
era un poeta turco y estaba muerto/
/lo amé por los niños de Diyarbakïr y de Ergani,
porque él los llamó hijos suyos sin conocerlos
y habló cosas sobre su sed y sus enfermedades,
sus miserias
se hizo padre de todo eso/

/eran, como dije, los niños de
Diyarbakïr y de Ergani,
pero podrían haber sido los de Myanmar
los del valle del Chaitén,
o Páolo
que a veces viene a pedirme
frutas, moneditas
o los peluches viejos que guardo
por si algún día tengo hijos
o hijas/

/compré el libro de Nazim
en una tienda de saldos,
era abril y garuaba
yo tenía 19 años
y él ya había muerto en Moscú/

domingo, abril 27, 2008

Algunitas...


/algunitas poetas que conozco mueren por morirse
muy jóvenes,
muy putas,
y extremadamente talentosas
(pero el orden puede variar)/
/he contado:
dos que esperan meter la cabeza en el horno,
una, meterse el seconal en la garganta,
otra se abre, cada tanto,
las venas
por si allí encuentra
el caudal imaginativo/
/cuando notan a Fulano en una reunión,
ponen cara de buey zonzo,
sofocan las risitas,
y le hablan de ‘Fucó’
o ‘Deguidá’,
por si sus reputa-
ciones
ascienden
oh, sí, de algo hay que hablar
en el poema
mucho mejor si es sobre
la Gran Tragedia de Sus Vidas,
nenas que papi abandona,
que mami desama,
que cobayo muere aplastado
por camión lechero
femmes fatales
de todas maneras/

qué pena que yo sea provinciana
haga la siesta,
vea los simpsons
y que jamásmente logre comprender
cómo carajo se convierte una
en poeta de endeveritas




lunes, abril 14, 2008

Orilleros e ilustrados.

Hay una frase que se atribuye a Moreno: “yo me voy, pero la cola que dejo es larga”. Parece que la dijo al embarcarse, como orgullosa y amenazante despedida. No le faltaba razón: esa cola llega hasta nuestros días, andan todavía entre nosotros los morenistas. Aunque, obviamente, no se refería a éstos el doctor de Chuquisaca, sino a los otros, los de ayer, aquéllos que quedaron en el Plata, en ese comienzo del año 1811, para continuar luchando en favor de Buenos Aires y la filosofía. ¿Quiénes eran?
Eran los intelectuales, los jóvenes de luces, aquellos que habían descubierto la revolución de manos de Rousseau, la minoría ilustrada, los hijos de Buenos Aires. Sabían hablar, dar discursos, se rendían mutuo respeto y reconocimiento, gustaban reunirse en los cafés, en uno especialmente: el de Marco (o Malco). Eran los civilizados. Los que hablaban del pueblo porque habían encontrado este concepto en el Contrato social. Los que pensaban que Buenos Aires debía hegemonizar la revolución. Los que despreciaban a las provincias y sus representantes. Los seducidos por las luces de Francia y el poderío y la eficiencia de Inglaterra. Los que temblaron de indignación y temor ante la irrupción de los oscuros “orilleros” porteños en la Plaza Mayor.
Reunidos inicialmente en un Club (denominación tomada, por supuesto, del Club de los Jacobinos), fundan, el jueves 21 de Marzo de ese año de 1811, la Sociedad Patriótica. Allí se desarrolla y consolida la ideología morenista. Pero no alcanza. Saben los jóvenes ilustrados que necesitan otros resortes de poder para derrotar a Saavedra y los provincianos. ¿Con qué cuentan? Con los masones de la logia del doctor Julián Álvarez. Con importantes miembros de la Junta: Vieytes, Azcuénaga, Rodríguez Peña, Larrea. Con un regimiento: “La Estrella”, fundado inicialmente por Moreno y ahora al mando de Domingo French. Y con las páginas de la Gazeta de Buenos Aires. ¿Será suficiente?
El clima golpista se acentúa. Se había logrado como se logra siempre: con denuncias sobre la ineficacia del Ejecutivo (ya vaticinada por Moreno), con una intelectualidad altisonante e indignada, con una prensa adicta y un regimiento cohesionado y listo para actuar. Tampoco faltaron los juicios condenatorios sobre la moralidad de los integrantes del Ejecutivo.
Estaba todo listo. Habían sido ya denunciadas las ambiciones de Saavedra, su oscuro concubinato con los hombres de las provincias, habían quedado en claro las falencias del Ejecutivo en momentos en que había que actuar con rapidez y energía (como lo había hecho el maestro Moreno), estaba ya avisada la parte decente de la población de Buenos Aires de los peligros que corría en manos de ese militar provinciano y plebeyo. Sólo quedaba ahora un camino: la renuncia de Saavedra y los diputados de las provincias y la ascensión al poder del partido morenista. Y para conseguir esto es que era necesario el golpe de Estado.
Es cierto que militarmente la situación era claramente desfavorable a los ilustrados jacobinos. Saavedra, en efecto, mantenía control sobre los regimientos de Patricios, Montañeses, Arribeños, Húsares, Granaderos y Artilleros. Que es mucho decir. Pero también es cierto que un golpe es justamente eso, un golpe, y no se decide solamente por el poderío militar sino por otros elementos que pueden alterar por completo la situación preexistente: la sorpresa, la astucia, la decisión. Y también la claridad ideológica, que es muy importante y los morenistas la tenían. Por eso, todo estaba listo. Hasta que ocurrió algo, un extraño suceso que nadie esperaba.
El pueblo de las jornadas del 5 y 6 de abril de 1811 llegó a la plaza histórica pacíficamente. Casi en silencio. Sabiendo que su sola y masiva presencia era el más elocuente testimonio en favor de sus ambiciones de justicia. Querían, aquellos orilleros de vida sencilla, afirmar la presencia de su jefe de gobierno. Se sabían representados por él y habían ido hasta allí para hacérselo saber.
Llegaron a la plaza como lo que eran: peones, artesanos, gauchos de los arrabales. Traían indiferentemente sus instrumentos de trabajo y su alegría. Porque hubo guitarras esa noche en la Plaza Mayor, rasgadas por hombres de poncho y chiripá, en medio de fogatas y caballos fatigados. Eran el pueblo, el pueblo sin más, que había llegado a esa plaza para decirle a Saavedra que estaba con él. Para testimoniarle, en fin, su participación entusiasta y no su indiferencia.
La alarma cunde entre los representantes del grupo ilustrado. Larrea, Paso, Vieytes, Peña y Azcuénaga corren presurosos hasta el domicilio del deán Funes (a quien consideran instigador –junto a Saavedra- del movimiento) y le aseguran la inexistencia de todo intento golpista y su respeto al gobierno. Pero el deán nada sabe de lo que está ocurriendo, como tampoco lo sabe Saavedra, pues también ellos habrán de negar a ese pueblo que les ofrecía su generoso respaldo. Los ilustrados, entonces, se dirigen al Fuerte en busca de más informaciones. Ahí está Saavedra, el líder por el cual el pueblo se había llegado a la Plaza, el político que ahora debía instrumentar revolucionariamente el nuevo poder que se le otorgaba. Pero no: Saavedra está tan alarmado y sorprendido como los jacobinos de la Patriótica. ¿Qué hace allí el pueblo, qué quiere la plebe, qué significan esas fogatas, esas guitarras, esos ponchos y chiripas? Quienes están en el Fuerte, no obstante, se muestran reacios a creer en su inocencia. ¿No es acaso él mismo un provinciano, un potosino? ¿Ignora que esa gente de la Plaza está exigiendo su fortalecimiento en el gobierno? Todo parece señalarlo como responsable del movimiento.
De la masa popular se escinden dos representantes: el doctor Joaquín Campana y el alcalde de Quintas Tomás Grigera. En la mañana del día 6 entregan un petitorio que expresa el deseo de los orilleros. Y que eran, entre otros, los siguientes: separación de la Junta de los vocales Peña, Vieytes, Azcuénaga y Larrea; separación de sus puestos de los conspiradores Domingo French, Antonio Luis Berutti, Agustín Donado, Gervasio Posadas y del presbítero Vieytes; elección de los miembros del gobierno mediante el voto popular; separación de sus cargos de Manuel Belgrano y obligación de que regrese a la Capital para responder de sus acciones; fortalecimiento de Saavedra en sus funciones militares y políticas.
El movimiento tiene éxito. “Al caer la tarde (escribe Serrano), los habitantes de los arrabales abandonaron el centro de la ciudad, lenta y silenciosamente como habían llegado, satisfechos de haber conseguido que el “padre de la Patria” como llamaban a Saavedra, hubiera recuperado muchas de las facultades que sus adversarios cercenaron”. El retorno a los hogares también es pacífico.
Los orilleros creen haber ungido un líder. Pero Saavedra habrá de rechazar una y otra vez su responsabilidad en aquellos sucesos: “se me injuria inicua y atrozmente con esta imputación”, será su respuesta. No muy distinta de la del deán Funes, el otro supuesto responsable: “un sacudimiento volcánico en el que el gobierno no tuvo el menor influjo causó la revolución conocida por la del 5 y 6 de abril. Este acontecimiento ninguna complacencia dejó a la Junta.” Es que ninguno, ni Saavedra ni Funes, deseaba dejar de ser persona decente. Y con Saavedra, a quien seguramente le preocupaba menos este aspecto, ocurría algo más: no sabía qué hacer con el liderazgo que se le ofrecía, porque, contrariamente a Moreno, tenía al pueblo pero no tenía un plan. El triunfo de los orilleros y la derrota del partido morenista se transforman así en hechos momentáneos.




Nota: El fragmento reproducido pertenece al libro Filosofía y Nación, de José Pablo Feinmann; Bs. As., Legasa, 1986.

sábado, marzo 22, 2008

Con las mismas manos- Roberto Fernández Retamar

Con las mismas manos de acariciarte
estoy construyendo una escuela.
Llegué casi al amanecer, con las que
pensé que serían ropas de trabajo,
Pero los hombres y los muchachos que
en sus harapos esperaban
Todavía me dijeron señor.
Están en un caserón a medio derruir,
Con unos cuantos catres y palos: allí
pasan las noches
Ahora en vez de dormir bajo los puentes
o en los
portales.
Uno sabe leer, y lo mandaron a buscar
cuando supieron que yo tenía biblioteca.
(Es alto, luminoso, y usa una barbita en
el insolente rostro mulato.)
Pasé por el que será el comedor escolar,
hoy sólo señalado por una zapata
Sobre la cual mi amigo traza con su
dedo en el aire ventanales y puertas.
Atrás estaban las piedras, y un grupo de
muchachos
Las trasladaban en veloces carretillas.
Yo pedí una
Y me eché a aprender el trabajo
elemental de los hombres elementales.
Luego tuve mi primera pala y tomé el
agua silvestre de los trabajadores,
Y, fatigado, pensé en ti, en aquella vez
Que estuviste recogiendo una cosecha
hasta que la vista se te nublaba
Como ahora a mí.
¡Qué lejos estábamos de las cosas
verdaderas,
Amor, qué lejos —como uno de otro!
La conversación y el almuerzo
Fueron merecidos, y la amistad del
pastor.
Hasta hubo una pareja de enamorados
Que se ruborizaban cuando los
señalábamos, riendo
Fumando, después del café.
No hay momento
En que no piense en ti.
Hoy quizá más,
Y mientras ayude a construir esta
escuela
Con las mismas manos de acariciarte.

martes, marzo 04, 2008

El endemoniado- José Watanabe.

Vino el mal y calzó perfectamente
en mí
como una perversa lucidez.
Mis ojos vieron cómo se desata
el rencor
en todas las cosas. Todo
se tuerce
como la boca de la gente, o se agesta
o se va de uno. Se van
la cuchara de mi mesa, mi mesa, mi casa,
las calles, la ciudad, mi patria,
y quedo yo solo
cada día, cerca de los cerdos, abrazado
a esta piedra / que no ama.
Por eso lloro y me revuelco ante ti. Dame
de tu infinito aire de salud.
Cúrame,
pero no totalmente,
déjame un pelo del demonio en la mirada:
el mundo merece sospecha
siempre .

Antonio Cisneros.

Entonces en las aguas de Conchán ancló una gran ballena.
Era azul cuando el cielo azulaba y negra con la niebla. Y era azul.
Hay quien la vio venida desde el Norte (donde dicen que hay muchas).
Hay quien la vio venida desde el Sur (donde hiela y habitan los leones).
Otros dicen que solita brotó como los hongos o las hojas de ruda.
Quienes esto repiten son las gentes de Villa El Salvador, pobres entre los pobres.
Creciendo todos tras las blancas colinas y en la arena: gentes como arenales en el arenal.
(Sólo saben del mar cuando está bravo y se huele en el viento).
El viento que revuelve el lomo azul de la ballena muerta. Islote de aluminio bajo el sol.
La que vino del Norte y del Sur y solita brotó de las corrientes.
La gran ballena muerta.
Las autoridades temen por las aguas: La peste azul entre las playas de Conchán.
La gran ballena muerta.
(Las autoridades protegen la salud del veraneante).
Muy pronto la ballena ha de pudrirse como un higo maduro en el verano.
La peste es, por decir, 40 reses pudriéndose en el mar (0 200 ovejas o 1000 perros) .
Las autoridades no saben cómo huir de tanta carne muerta.
Los veraneantes se guardan de la peste que empieza en las malaguas
de la arena mojada.
En los arenales de Villa El Salvador las gentes no reposan.
Sabido es por los pobres de los pobres que atrás de las colinas
flota una isla de carne aún sin dueño.
Y llegado el crepúsculo - no del océano sino del arenal -
se afilan los mejores cuchillos de cocina y el hacha del maestro carnicero.
Así fueron armados los pocos nadadores de Villa El Salvador.
Y a medianoche luchaban con los pozos donde espuman las olas.
La gran ballena flotaba hermosa aún entre los tumbos helados.
Hermosa todavía.

Sea su carne destinada a 10000 bocas.
Sea techo su piel de 100 moradas.
Sea su aceite luz para las noches y todas las frituras del verano.

Leonardo Martínez.

Como a los mellizos místicos
me amamantó una loba
En realidad fue una perra negra
cuya leche sagrada
llenó de furor religioso mi infancia
No me hizo falta otra madre
pues la leche de la perra negra
dejó en mis labios
el gusto agreste de la inmortalidad
Fundé la ciudad donde sueño
y tuve hijos
prolongados en una descendencia innumerable
criaturas transparentes
que abarrotan pasado y porvenir.
(de “Mitológicas”, del libro Asuntos de familia y otras imposturas, Ediciones Último Reino, Argentina, 1997)

lunes, marzo 03, 2008

!

Caravaggio.




Artemisia Gentileschi.






miércoles, febrero 27, 2008

270208



I.
Hube un ángel,
mas fue de exterminio.

Y me tocó con su pulpa de odio,
su pulpa de tristeza
celebrada por las brujas,
por las feroces uvas que da la altura
cuando la altura es abajo.

II.
Hube la sombra.
Se llamaba hermano:
piedra que devoran los perros
de mi corazón.
Piedra quemante del amor.
Flor agria de la ausencia.

III.
Hube el alba,
y una vez la negaré.

Del agua de mi mismo espejo
vendrá la serpiente
a cerrarme los ojos,
a decirme ‘ve a lo oscuro’.

Y yo diré que sí.
Sí a todo.
Dulcemente.

Nota: La imagen pertenece a Jerry Uelsmann


La sed.

Estalle en mi boca el pájaro.
Implosione, entre mis dientes,
su breve sangre.
Hágase en mi boca el vuelo,
la palabra.

sábado, febrero 23, 2008

230208

Yo fui la flor del ácido,
el herrumbre.

El agua.
El agua díscola de tus ojos
estuvo en mí
como en la guerra
la sangre y el saqueo.

sábado, febrero 09, 2008

Maestro Palmeta.

En una antología muy útil, Martín Fierro y su crítica, de María Teresa Gramuglio y Beatriz Sarlo, se incluye un trabajo firmado con el seudónimo de Maestro Palmeta. El trabajo da respuesta a una encuesta de la revista Nosotros (1907-1943), número 50, del año 1913, realizada "luego del revuelo -explican las antólogas- que provocaron los juicios críticos de Lugones y de Rojas cuando calificaron a Martín Fierro como nuestro poema nacional".
La respuesta de Palmeta (nombre inventado tras el cual se esconde "un reputado sociólogo, novelista y educacionista") resulta paradigmática en dos sustanciales aspectos: el de rasgarse las vestiduras frente a la posibilidad de que una obra en la que se hable la lengua gauchesca pueda ser tenida como nuestro poema nacional; el de leerlo al pie de la letra para concitar el ridículo.
Dice Palmeta: "La jerga orillera y gauchidiablesca en que está escrito el Martín Fierro es la base del idioma nacional, que debería enseñarse en las escuelas". Y continía ironizando: "Así, cuando los niños den su lección de historia argentina han de decir: 'Moreno cantó pa el carnero en la travesía del mar', o bien 'estiró la pata', y en ningún caso, se murió. Al comentar el célebre decreto de la Junta del año 1810, no dirán que 'ningún habitante de la república, ni ebrio ni dormido', sino 'ni mamao ni dormido' o, mejor aún, 'ni en pedo ni durmiendo la mona' ". Y sigue un poco más: " en la misma oratoria sagrada, ya no dirá ningún predicador: 'Jesús agonizaba en la Cruz', etcétera. Ha de decir: 'Jesús estaba por estirar la jeta...Ahijuna' ". Y agrega finalmente: "En Viernes Santo ya no se declamará desde la cátedra sagrada: 'He aquí a la Santísima Virgen, toda lagrimosa'...Mas bien diríase: '¡Pucha que está linda gaucha la Virgen, misia María, con su pañuelito de nubes al pescuezo!'..."
Aquí, una sospecha: el Maestro Palmeta, como suele suceder, ya había sucumbido a la fascinación de lo que criticaba...atrapado por el doble efecto.


Nota: El fragmento reproducido pertenece al artículo El gauchesco como arte bufo, escrito por Leónidas Lamborghini.

viernes, enero 18, 2008

El mar.




Soy el mar.

Devuelvo a la arena
lo que no me pertenece:
los cadáveres hinchados,
violetas,
en que pastan las altas gaviotas;
las costillas iridiscentes
de los negros bajeles;
la lente muerta de las torres
donde el sol se repite
y se fragmenta.

Más allá,
en la penumbra salitrosa
de la ciudad blanca,
suceden, con intermitencias,
la peste, o el equilibrio
de la peste.

En medio,
el hombre que es
una fisura en la eternidad,
va del infinito hacia la muerte
buscando, ciego,
la puerta del laberinto.
Nota: La imagen pertenece a Peter Kostal.

jueves, enero 17, 2008

Mmmmm...






Si cantara como Robert Johnson, yo también le vendo el alma al diablo.

miércoles, enero 16, 2008

Soneto de tus vísceras.


Harto de alabar tu piel dorada,
tus externas y muchas perfecciones,
canto al jardín azul de tus pulmones,
y a tu tráquea, elegante y anillada.

Canto a tu masa intestinal rosada,
al bazo, al páncreas, a los epiplones,
al doble filtro gris de tus riñones,
y a tu matriz, profunda y renovada.

Canto al tuétano dulce de tus huesos,
a la linfa que embebe tus tejidos,
al acre olor orgánico que exhalas.

Quiero gastar tus vísceras a besos,
vivir dentro de ti con mis sentidos.
Yo soy un sapo negro con dos alas.
Baldomero Fernández Moreno.

sábado, enero 12, 2008

Las cosas que no me he dicho II.



Han sido, ya, las dos de la tarde,
y aquí sigue lo oscuro.

El día, que me trae noche,
y la noche que lo sucede saben
que en algún lugar de esta pared
estoy escrita.

Nunca debe ser alumbrado.

Si entrara este signo a jugar
con los otros,
me diluiría como la sangre
en el agua.

Para eso,
prefiero esta muerte,
este silencio.
Nota: La imagen pertenece a Taste.

miércoles, enero 09, 2008

Cuatro cuentitos.

1-

Traedme el caballo más veloz —pidió el hombre honrado—
Acabo de decirle la verdad al rey.


Autor: Marco Denevi.

2-

Otra versión de la Odisea cuenta que la tripulación se perdió porque Ulises había ordenado a sus compañeros que se taparan los oídos para no oír el pérfido si bien dulce canto de las sirenas, pero olvidó indicarles que cerraran los ojos, y como además las sirenas, de formas generosas, sabían danzar...

Autor: José de la Colina.

3-

¡Arriad el foque!, ordena el capitán. ¡Arriad el foque!, repite el segundo. ¡Orzad a estribor!, grita el capitán. ¡Orzad a estribor!, repite el segundo. ¡Cuidado con el bauprés!, grita el capitán. ¡El bauprés!, repite el segundo. ¡Abatid el palo de mesana!, grita el capitán. ¡El palo de mesana!, repite el segundo. Entretanto, la tormenta arrecia y los marineros corremos de un lado a otro de la cubierta, desconcertados. Si no encontramos pronto un diccionario, nos vamos a pique sin remedio.

Autor: Ana María Shua.

4-

Tras la cerrada ovación que puso término a la sesión plenaria del Congreso Internacional de Lingüística y Afines, la hermosa taquígrafa recogió sus lápices y papeles y se dirigió hacia la salida abriéndose paso entre un centenar de lingüistas, filólogos, semiólogos, críticos estructuralistas y desconstruccionistas, todos los cuales siguieron su garboso desplazamiento con una admiración rayana en la glosemática.
De pronto las diversas acuñaciones cerebrales adquirieron vigencia fónica:
­¡Qué sintagma!
­¡Qué polisemia!
­¡Qué significante!
­¡Qué diacronía!
­¡Qué exemplar ceterorum!
­¡Qué Zungenspitze!
­¡Qué morfema!
La hermosa taquígrafa desfiló impertérrita y adusta entre aquella selva de fonemas.
Sólo se la vio sonreír, halagada y tal vez vulnerable, cuando el joven ordenanza, antes de abrirle la puerta, murmuró casi en su oído: ''Cosita linda".


Autor: Mario Benedetti.

martes, enero 08, 2008

La salida.



Detrás de la ciudad,
la otra ciudad respira.

En medio no existe límite,
frontera,
picota que defina
cuándo es que abandonamos
la primera, cuándo
entramos a la segunda.

Da igual que sea
un síntoma de la libertad
o un artificio de espejos.

De aquí no se sale.
Nota: La imagen pertenece a Magdalena Wanli.

domingo, enero 06, 2008

Los sonidos de la ternura.




Loncomeo del amor mapuche-Los hermanos Berbel.

viernes, diciembre 28, 2007

Las confesiones de Bioy Casares.

"Cuando yo era chico no sabía lo que significaba fornicar, se lo pregunté a mis padres y ellos me dijeron que fornicar significaba decir malas palabras. Entonces, cuando me confesé para la primera comunión, lo primero que le dije al cura es que yo fornicaba de vez en cuando. Un poco sorprendido, el cura me preguntó si lo hacía con hombres o con mujeres. Como en ese tiempo estaba muy mal visto decir malas palabras delante de las mujeres, yo contesté, casi orgulloso: 'Con hombres, padre, sólo con hombres'."

martes, diciembre 18, 2007

1812

Nena hu'~u.
Nena viento.
Rosa excesiva.
Lengua suave de la pantera.
Celaje de la tarde.
Nena Satie, tersa.
Rastro de ciervo.
Ocultamiento del sol.
Perfume del ébano.
Agua que pule la roca.
Ascenso del pájaro.
Lumbre.
Imitación de la mañana.
Nena del aire.

jueves, diciembre 13, 2007

Carta a mi sobrina Teté, en su primer cumpleaños.




Mi Zumbayllu. Mi Layk’a supay. Hermosa demonia, hada.
No te quise a la hora de haber nacido. No a la segunda. No a los 30 días. Te rechazaba, no quería verte, no quería enamorarme de vos, no que llenaras mis sueños. Porque se acostumbra, una, a la luz de los sueños. Te quise un día cuando me miraste con expresión de reconocerme. Yo creo que habías tenido un viaje largo, que volvías de no sé dónde, a mirarme, a decirme ‘soy, veo’, a decirme ‘estoy acá, voy a necesitar tus brazos, tu calor’. Era otoño. Andaba recogiendo las nueces caídas. Creo que toqué una y se abrió el corazón de ella. Un insecto había tomado su carne, su perfume, la caparazón, y allí había vivido quién sabe cuántos días sin que yo supiera, nunca, porqué, estaba, era. Así fue con vos. Fue tropezarme con la vida, los aromas, la transparencia, todo junto, de un golpe. Algo del otro lado de la muerte, muy del otro lado.
Flor de azafrán, pez dorado: ahora te amo. Quisiera defenderte de la vida, pero eso es malo. Yo he vivido, he visto, soy una pantalla turbia. No podrás (no quiero) que mires a través de mí. Mirá vos, tocá, olé. Hay mucho de lo bello, y mucho de lo triste, no sé si en partes iguales. Uno es el reverso de la moneda del otro. Y esa moneda ya te cabe en la mano.
Te beso, Luminosa.
Tía Elena.

miércoles, diciembre 12, 2007

1212



Rómpame, Único,
el cristal del corazón.

Bien si, por violento ánimo,
gustando ud. de la velocidad,
se sube al automóvil
y embistiendo, lo quiebra,
lo traspasa como a una cortina de agua,
como a un hijo frágil
de huesos de paloma.

Bien si, por dotes de vidriero,
consigue, después de encenderlo,
de inflamarlo,
de darle la redonda forma de la cereza,
tirarlo contra la acera.
Sería sutil y agudo el ruido
del músculo quebrado
y centelleante.

Habrá, de cualquier modo
lo que hay para estos casos:
el fulgor rosa de la carne herida,
un poco de dolor,
el olvido, luego,
como siempre.

Andará buscando ud.
sus pedazos entre los míos.

Nota: La imagen pertenece a Musin Yohan.


jueves, diciembre 06, 2007

Ahora que llueve.




He ungido en la boca mi dedo.
He puesto en la ventana tu nombre,
un nombre de bravos dientes,
variedad del tigre,
abiertos en dirección de la presa.

Al lado del tuyo,
he acostado mi propia palabra,
ebúrnea, temblorosa,
variedad del conejo
abierta en dirección de tu boca.

La he amaestrado para esta muerte.
Para este amor.

Nota: La imagen pertenece a Stanko Abadzic.


miércoles, diciembre 05, 2007

Invitación 2.

Maréeme, señor,
ud. tiene altura para eso.

Invitación.


Venime, soledad.
Venime a la par.
Sé mi mastín adolescente,
adorname la cara con saliva,
matame las sombras.

Vamos a partir la casa como hermanas.
Tendrás tu patio de luz,
tu reposera,
la mitad de mi toda dicha.

Cuando yo regrese del trabajo
y se haga la hora de fumar,
saldremos afuera,
a hablar bajito de él:
de cuánto lo extrañamos,
de cuán poco nuestro es,
de cómo el humo perfila, en la noche,
lo oscuro de su rostro,
perdido como está
en la memoria
y en la distancia.

Están en mis ojos los tuyos,
como en el agua
los continentes.
Nota: La imagen pertenece a Martin Elkort

lunes, diciembre 03, 2007

0312




No recuerdo cómo entré a la vida.
No sospecho cómo se sale.

Me siento un pájaro enredado
en los cables de teléfono:
la perspectiva de la altura es,
en definitiva,
de una belleza crítica.

Si me aquieto,
el lazo se hace prisión
y estancamiento.

Si me rebelo,
el lazo se vuelve horca
y tiende hacia la muerte.

Entonces procedo
a piar y maldecir,
a hacer los gestos que tiene el pájaro,
unos muy parecidos al absurdo
y al desamparo.