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sábado, julio 19, 2008

Ejercicios 3.

trajiste tu cáscara de lumbre
tu lumbre toda enhiesta,
puesta en los ojos como demonio, trajiste
tu traje,
tu piel,
tu quemadura tenebrosa
como las noches en la zafra,
trajiste
tu parcela de tierra
sembrada de espanto,
la rosa de la locura,
trajiste,
el fuego, las uñas, el pelo,
con vos, te trajiste,
a vos,
llegaste a mi casa,
tocaste
la puerta,
dijiste
las cosas que en esos casos
todo el mundo se dice
y yo recuerdo
haber dicho
sí
sí a todo

domingo, julio 06, 2008

Ejercicios 2.



i.
he jugado a la ceguera,
a cruzar la casa en sombra
y decir “los muebles arden,
los muros, arden
los gatos dormidos en el sofá”
y no tocar

ahora juego a la palabra
a cruzar el mundo oscuro
el límite
y digo cosas
con olor a abismo.

ii.
¿cómo sé cuándo llego al exilio,
a la ruina?
¿cómo sé cuándo dejo el ojo de la cerradura
paso la puerta
y toco?

¿qué son esas palabras:
exilio
ruina?

¿qué son?

iii.
he vuelto a fumar,
por disposición del cuerpo o
disposición del alma,

he vuelto
a consumir el fuego,
no,
apenas el humo,
el fuego anda fuera
de mí

iii.
lo que busco sólo tiene un nombre
y lleva el signo de la niebla

si mi todo cuerpo,
si mi lengua en la niebla,
entonces seríamos
uno

¿quién dirá,
entonces,
el nombre?
¿quién hablará por sí del otro?


domingo, junio 29, 2008

Ejercicios.

i.
esta rabia bestia, ¿a qué se acollara?
esta rabia india, no domada,
¿en qué idioma se habla?
a qué palenque se arrima,
cómo se monta y se mira,
contra qué piedra pulo
……….su pie
…….....su piel
a qué rastros la suelto

esta rabia vena, en que sangremente discurro
esta rabia sal, en cuáles aguas ahogo,
todo su tamaño,
¿cabe en mi corazón?
¿en mi mano, cabe, en los ojos?

mi rabia es rabia sola:
no habita la jauría
ni el bosque, no,
ni la casa

vino con mi cuero, un día,
y desde entonces
la rabia canta
por la lengua con que canto
y un día, no hace mucho
fuimos
la misma cosa
la misma triste cosa

ii.
querido,
querido amor de las cartas,
los caballos han hecho la noche,
los fuegos han hecho la noche,
pero tu sombra es el hueco de la luz
la grieta,
el disparo

vino y sonó en mí
un poco como la herida

vino y alumbró en mí
un poco como la herida

iii
venís con el poema y es como la muerte
o los sueños
venís solo o con otra mujer,
pero siempre de a pedazos:

vienen los perros y se llevan tus ojos
viene magdalena y alza tu mano
los sindicatos pasan,
y levantan tu campera,
tus zapatillas,
el hosco ceño del mediodía

venís con el poema
y estás sucio de otros,
perdido por perdido,
roto

¿quién sos cuando te quiero?
¿cuál es tu nombre?







domingo, junio 22, 2008

Juan Carlos Bustriazo Ortiz.

I
Tan huesolita que te ibas
tan envidiada de qué sombras la tierra ardía huesolita
la siesta ardía melodiosa tan como ibas tu sonrisa era
una piedra arrobadora y era otra piedra mi costilla
dulcequeamarga solasola cuajada de alta pedrería eran
tus voces tan palomas eran tus manos piedras finas
guitarra tan azuladiosa eras la piedra que acaricia piedra
te ibas quién te roba última brisa de la brisa o
flauta mía o leja y rota tan huesolita que te ibas tan
de la gracia mucha y poca si cuando vuelvas ves mis
días oh piedra llena llaga
hermosa!
V
Te regalé unas cuentas indias
y había un color de aroma hereje tan sobre mi caía el
cielo amarilleaba su piel verde yo sé que labro joya
oscura sólo por vos que me la entiendes porque a vos
te hablo en esta piedra enrumorada de caldenes quién
sino vos me la naciste y en quién sin vos ella se mece
te di en la tierra qué colores sonorositos magamente
remotas gemas de collares ascuas de piedras de otras
gentes besos de piedras recobradas entre tus manos
vieja fiebre alegría vieja o amoríos de aquella aquel que
están sin frente te regalé gualicheríos piedras de dulces
redondeles
de Elegías de la piedra que canta, 1969
4
y crecía la hornalla hosca
en aquel pueblo de hornos pérfidos
eran mayas eran aztecas
eran quichés de estuco y lágrima?
eran teocallis bermellon
eso pirámides de tierra terca?
eran hombres de barro fresco
recién hacidos por el gran padre?
eran esclavos colorados
o eran grietosos cuasi hombres?
pero crecían las hornallas
trabajosamente crecían
empinábanse con dolores
para que cuajaran panes panes
eran palacios de gentes torvas
o con máscaras de barro impuro?
con inocentes mascarillas
gentes que siempre comerán barro?
crecía la hornalla cumplíase
entre colorinches y desvelos
17
y anduve solo y no era la luz
fuíme por duros corredores
por los pasillos pesaroso
y saquéme un papel azafrán
con un saludo de tez granate
“he aquí que llégueme a verte
juancarlos estuvo en esta torre”
y fuíme solo y no era la luz
por los pasillos musitantes
atrás dejé los corredores
negros y más que hechos con cuervos
quedóse el papel inclinado
esperando tus ojos de mora
y como un ciego fui con las manos
interrogando a las paredes
buscando la puerta brillante
los tragaluces del castillo
el aire que andaba en el mundo
“juancarlos estuvo en este cuarzo”
fuíme solo y no era la luz.
de Unca bermeja (1973), 1984
Quetral 4
Quetral del salamanquero,
del indio rico Antipán,
de aquel Jesús Calluhueque
borracho en la soledad…
“Los brujos dan sus poderes,
le piden prendas al hombre:
tuve que darles mi matra
bordada con arreboles.”
Quetral del brujo piedroso,
de aquella pipa de piedra,
o del matuasto tejido
por el señor-de-las-sierras…
II
“Y yo les di mi cuchillo
de fino cabo de plata…,
y al poco tiempo murió
mi amor sin besar mi almohada.”
Quetral del pardo mortero,
del raspador transparente,
lengua filosa, luz lanza,
tajo nomás, llaga siempre…
Salamanquero yo fui,
y era Juan Paulo Durazno,
Honorio Manquepillán,
el Nicolás Antenao.
…víbora de colores terribles…,
onduloso chasquido
bajo el abuelo Sol, el Gran Cabeza de Oro…
Sangrecita casi flauta,
torturada, torturada…
Apágame ya
este canto…
Ay, víbora,
tu silbo
rojo
de Quetrales. Cantos del añorante (1967), 1991
Sexta Palabra
Qué convulsión del cielo me amenaza
en lo creencial del mundo que me enluja
con los errantes velos de la bruja
que ayer quemé, cuya ánima me abrasa
de septentrión a meridión? Me arrasa
el corazón, las testes, si me estruja.
Cuadragésima Primera Palabra
pasa bustriazo el viejo con el joven
bustriazo azul de serle el sentimiento
la flor la luz el agua en el momento
de la enjutez del vago pensamiento
la sangre infiel bustriazo el viejo el joven
en paz en pos de su destino el reto
de su vivir bustriazo el viejo el joven
cristal de roca ya cuarzo coleto
tan pedernal de sí el viejo el joven
bustriazo va le brilla el esqueleto
(Ruta 5 y “San Cayetano”
Domingo de Resurrección)
Cuadragésima Tercera Palabra
Adónde vas, poeta nochernícola,
de austera sal, de halo melancólico?
Y el primo amor, o bien, el tu penúltimo?
Y el vaso azul? Erótico y arqueólogo
te sientes bien, mi vate, muy católico?
Eres o no el juglar, el archimítico,
el hacedor maniático, elegíaco
de tu canción? O estrilas de neurótico
talante, o vas de túnica, de báculo
por la vastura de la noche eólica?
Ay semoviente, austral humano mágico,
nómade Juan, desnudo en lo fonético?
(Ruta 5, divagando bajo el
pánfilo viento)
de Libro del Ghenpín (1977), 2004
balada arcaica
ya te vas vegetal tornasolada no me prendas la flor del exterminio fulgimiento del agua de los ojos no me prendas la flor del exterminio hinchamiento del cielo qué potencias no me prendas la flor del exterminio qué hinchadura del mundo taza turbia no me prendas la flor del exterminio con el hijo salido de tu entraña no me prendas la flor del exterminio con el ala punteada de tu ángel no me prendas la flor del exterminio con arcillas que vuelan soberanas no me prendas la flor del exterminio en olor de adiós que me espeluza no me prendas la flor del exterminio con tu boca antañera tras tu boca no me prendas la flor del exterminio en amor de tu sombra sonadora no me prendas la flor del exterminio!
27 y 28
para vos, dueña de los ponientes
de Canción rupestre, 1972, inédito
el intenso dice
un adiós el intenso dice una sombra mi amor aterciopelada palaciega en esta tarde regocijante y tristonosa las gentes se ponen máscaras oh no mi amor se sacan los rostros se arrancan infantilizados la identidad remota y saltan saltan y no son langostas siquier y tristemente remedan al ancestral sagrado qué estoy diciendo mi amor yo celebrante rojo celebrante amarillo y negro y azul huelo a collón a piedra pintada a sien quemada huelo a corazón ahumado huelo a rodillas blanconas a canillas bermejas mi amor dios quiera que no pienses como yo en esta tarde que huele a tambores colorados a bajo vientre castaño a tobillos simplones a talón pintarrajo mientras la soledad los va comiendo y chilla
(t. 23, 24)
a ch
de Caja amarilla, 1973-1974, inédito
Nota: Los fragmentos de textos fueron extraídos de la siguiente página http://laseleccionesafectivas.blogspot.com/2006/10/juan-carlos-bustriazo-ortiz.html

jueves, junio 12, 2008

Juan L. Ortiz.


Oh, las figuras del cariño, ¿dónde,
dónde ellas?

Llueve en mi corazón y llueve sobre el Yan-Tsé…

Pero ¿por qué no estáis aquí,
vidas, oh dulces vidas, a las que yo no sabía en otro espacio, también,
que el de mi corazón…?

Llueve en mi corazón y llueve sobre el Yan-Tsé…

¿Por qué no estáis aquí
enjugando conmigo o tratando de enjugar
el gris de Octubre?

O no seríamos, ya, junto con el río de la media-tarde,
más que unos hilos, unos hilos
para una suerte de trama que la melancolía misma está perdiendo,
perdiendo?

Llueve en mi corazón y llueve sobre el Yan-Tsé…

De lágrimas Octubre, aquí, y acaso,
allí…
Pero allí será de alas, alas hasta en los pies, y aún en medio, ¿no?
de unas cortinas de nupcias,
y con mandolinas todavía por ahí… por las heridas
de los pajarillos, ¿no?
que corridas las cortinas, han de abrirle repentinamente, no
las fugas de los confines…

Volará y bailará, ¿no? de jacarandaes…
Mas ¿estáis aquí?
Os miro a mi lado, los ojos en los míos…
¿De quiénes o de quién las estrellitas que mojan el minuto?
Unas pestañas, entonces, ¿de nadie?

Y me doblo como un sauce…
Y sigue lloviendo en mi corazón y sigue lloviendo, lloviendo,
lloviendo…
lloviendo sobre el Yan-Tsé…

sábado, junio 07, 2008

Sujeto a destrucción

vino, a mi jardín,
la vaca sagrada de la literatura

vino con su lomo de no ser montado,
con los dos ojos anhelantes de toro negro,
con los mugidos rotos de vaca vieja
a comerme las flores, vino,
a morderme la ropa tendida,
como un caníbal,
vino, como un político,
a arengarme, a pisotear mi casa,
a cagar en mis cortinas, vino,
sí, a meter bulla al vecindario
y sembrar la discordia,
a perder las manzanas nuevas,
las brevas de los higos
que crecían como pechos en
los árboles fragantes y altos,
a espantar los pájaros

entonces,
harta, jodida,
le grité:
“con tu leche a otra parte, vaca!”
y se fue con su vacuno trote
a jardines más fecundos
a mujeres más dóciles
a refregarse en sus faldas
como en un palenque
y se quedó ahí,
con las santas de siempre,
con las que hablan bajito
con las correctas

martes, mayo 27, 2008

Lo viejo.

¿Quién eras, entonces, digamos ...por 1995?

Eras la opera proibita
que las nenitas de mamá
tocábamos
de oído.

domingo, mayo 25, 2008

Cosmogonías.

para Amelia, que pronto va a estar celebrando la vida con los brazos llenos de su recienvenido al mundo...
*
*
*
*
dios se cebaba en el placer
de acariciarse el terso cuero
de olerse el humo agrio de las axilas
de refregar su mundo de cuerpo y de ojos
en las alas insípidas y lustrales
de los ángeles

olfateaba el viento
dormía en las grutas
imaginaba pueblos, banderas,
terrazas,
troya ardiendo
cosas que le quemaban el pulso

un día tuvo un deseo violento:
inventar, de golpe y para siempre
un animal que lo pensase

hágase el mono, dijo
pero los monos sólo se arrancaban los piojos con las uñas
sólo se columpiaban
sólo roían las frutas amargas,
las frutas dulces,
los monos sólo jugaban al sexo
veían arder los cometas
los monos sólo hacían la siesta
se cubrían de los insectos
daban de mamar

hágase el pájaro, dijo
pero los pájaros sólo vivían trastornados de amor
por la luz
sólo cantaban, nadie los veía morir,
sólo sabían ser frágiles y amasar el barro,
sabían vivir con semillas
llenar de fuego el aire

hágase el hombre, la hembra, dijo dios,
con una voz tensa,
fuerte como el vino y los caballos,
brava como el miedo
cuando con el miedo no hay esperanza

pero el hombre y la hembra
sólo sabían hacer
como los monos y
como los pájaros
pasearse por la lluvia,
andar desnudos
e ir de la rama al cielo,
recién despiertos, naciditos,
sin saber qué hacer con el mundo
ni con dios




martes, mayo 13, 2008

Nazim Hikmet.



/un día me enamoré de un hombre:
era un poeta turco y estaba muerto/
/lo amé por los niños de Diyarbakïr y de Ergani,
porque él los llamó hijos suyos sin conocerlos
y habló cosas sobre su sed y sus enfermedades,
sus miserias
se hizo padre de todo eso/

/eran, como dije, los niños de
Diyarbakïr y de Ergani,
pero podrían haber sido los de Myanmar
los del valle del Chaitén,
o Páolo
que a veces viene a pedirme
frutas, moneditas
o los peluches viejos que guardo
por si algún día tengo hijos
o hijas/

/compré el libro de Nazim
en una tienda de saldos,
era abril y garuaba
yo tenía 19 años
y él ya había muerto en Moscú/

domingo, abril 27, 2008

Algunitas...


/algunitas poetas que conozco mueren por morirse
muy jóvenes,
muy putas,
y extremadamente talentosas
(pero el orden puede variar)/
/he contado:
dos que esperan meter la cabeza en el horno,
una, meterse el seconal en la garganta,
otra se abre, cada tanto,
las venas
por si allí encuentra
el caudal imaginativo/
/cuando notan a Fulano en una reunión,
ponen cara de buey zonzo,
sofocan las risitas,
y le hablan de ‘Fucó’
o ‘Deguidá’,
por si sus reputa-
ciones
ascienden
oh, sí, de algo hay que hablar
en el poema
mucho mejor si es sobre
la Gran Tragedia de Sus Vidas,
nenas que papi abandona,
que mami desama,
que cobayo muere aplastado
por camión lechero
femmes fatales
de todas maneras/

qué pena que yo sea provinciana
haga la siesta,
vea los simpsons
y que jamásmente logre comprender
cómo carajo se convierte una
en poeta de endeveritas




sábado, marzo 22, 2008

Con las mismas manos- Roberto Fernández Retamar

Con las mismas manos de acariciarte
estoy construyendo una escuela.
Llegué casi al amanecer, con las que
pensé que serían ropas de trabajo,
Pero los hombres y los muchachos que
en sus harapos esperaban
Todavía me dijeron señor.
Están en un caserón a medio derruir,
Con unos cuantos catres y palos: allí
pasan las noches
Ahora en vez de dormir bajo los puentes
o en los
portales.
Uno sabe leer, y lo mandaron a buscar
cuando supieron que yo tenía biblioteca.
(Es alto, luminoso, y usa una barbita en
el insolente rostro mulato.)
Pasé por el que será el comedor escolar,
hoy sólo señalado por una zapata
Sobre la cual mi amigo traza con su
dedo en el aire ventanales y puertas.
Atrás estaban las piedras, y un grupo de
muchachos
Las trasladaban en veloces carretillas.
Yo pedí una
Y me eché a aprender el trabajo
elemental de los hombres elementales.
Luego tuve mi primera pala y tomé el
agua silvestre de los trabajadores,
Y, fatigado, pensé en ti, en aquella vez
Que estuviste recogiendo una cosecha
hasta que la vista se te nublaba
Como ahora a mí.
¡Qué lejos estábamos de las cosas
verdaderas,
Amor, qué lejos —como uno de otro!
La conversación y el almuerzo
Fueron merecidos, y la amistad del
pastor.
Hasta hubo una pareja de enamorados
Que se ruborizaban cuando los
señalábamos, riendo
Fumando, después del café.
No hay momento
En que no piense en ti.
Hoy quizá más,
Y mientras ayude a construir esta
escuela
Con las mismas manos de acariciarte.

martes, marzo 04, 2008

El endemoniado- José Watanabe.

Vino el mal y calzó perfectamente
en mí
como una perversa lucidez.
Mis ojos vieron cómo se desata
el rencor
en todas las cosas. Todo
se tuerce
como la boca de la gente, o se agesta
o se va de uno. Se van
la cuchara de mi mesa, mi mesa, mi casa,
las calles, la ciudad, mi patria,
y quedo yo solo
cada día, cerca de los cerdos, abrazado
a esta piedra / que no ama.
Por eso lloro y me revuelco ante ti. Dame
de tu infinito aire de salud.
Cúrame,
pero no totalmente,
déjame un pelo del demonio en la mirada:
el mundo merece sospecha
siempre .

Antonio Cisneros.

Entonces en las aguas de Conchán ancló una gran ballena.
Era azul cuando el cielo azulaba y negra con la niebla. Y era azul.
Hay quien la vio venida desde el Norte (donde dicen que hay muchas).
Hay quien la vio venida desde el Sur (donde hiela y habitan los leones).
Otros dicen que solita brotó como los hongos o las hojas de ruda.
Quienes esto repiten son las gentes de Villa El Salvador, pobres entre los pobres.
Creciendo todos tras las blancas colinas y en la arena: gentes como arenales en el arenal.
(Sólo saben del mar cuando está bravo y se huele en el viento).
El viento que revuelve el lomo azul de la ballena muerta. Islote de aluminio bajo el sol.
La que vino del Norte y del Sur y solita brotó de las corrientes.
La gran ballena muerta.
Las autoridades temen por las aguas: La peste azul entre las playas de Conchán.
La gran ballena muerta.
(Las autoridades protegen la salud del veraneante).
Muy pronto la ballena ha de pudrirse como un higo maduro en el verano.
La peste es, por decir, 40 reses pudriéndose en el mar (0 200 ovejas o 1000 perros) .
Las autoridades no saben cómo huir de tanta carne muerta.
Los veraneantes se guardan de la peste que empieza en las malaguas
de la arena mojada.
En los arenales de Villa El Salvador las gentes no reposan.
Sabido es por los pobres de los pobres que atrás de las colinas
flota una isla de carne aún sin dueño.
Y llegado el crepúsculo - no del océano sino del arenal -
se afilan los mejores cuchillos de cocina y el hacha del maestro carnicero.
Así fueron armados los pocos nadadores de Villa El Salvador.
Y a medianoche luchaban con los pozos donde espuman las olas.
La gran ballena flotaba hermosa aún entre los tumbos helados.
Hermosa todavía.

Sea su carne destinada a 10000 bocas.
Sea techo su piel de 100 moradas.
Sea su aceite luz para las noches y todas las frituras del verano.

Leonardo Martínez.

Como a los mellizos místicos
me amamantó una loba
En realidad fue una perra negra
cuya leche sagrada
llenó de furor religioso mi infancia
No me hizo falta otra madre
pues la leche de la perra negra
dejó en mis labios
el gusto agreste de la inmortalidad
Fundé la ciudad donde sueño
y tuve hijos
prolongados en una descendencia innumerable
criaturas transparentes
que abarrotan pasado y porvenir.
(de “Mitológicas”, del libro Asuntos de familia y otras imposturas, Ediciones Último Reino, Argentina, 1997)

miércoles, febrero 27, 2008

270208



I.
Hube un ángel,
mas fue de exterminio.

Y me tocó con su pulpa de odio,
su pulpa de tristeza
celebrada por las brujas,
por las feroces uvas que da la altura
cuando la altura es abajo.

II.
Hube la sombra.
Se llamaba hermano:
piedra que devoran los perros
de mi corazón.
Piedra quemante del amor.
Flor agria de la ausencia.

III.
Hube el alba,
y una vez la negaré.

Del agua de mi mismo espejo
vendrá la serpiente
a cerrarme los ojos,
a decirme ‘ve a lo oscuro’.

Y yo diré que sí.
Sí a todo.
Dulcemente.

Nota: La imagen pertenece a Jerry Uelsmann


sábado, julio 14, 2007

Impresiones sobre un desconocido (o El arte de sacar conejos de galeras aparentemente desconejadas)


Ceslovas Cesnakevicius se llama igual
que antes de conocerlo
habla en otro idioma
y pinta nubes elefantes
tormentas eléctricas
precedidas de valles verdes
y hombres de negro
al estilo Chaplin
Ceslovas Cesnakevicius
dice buzón pan
bicicleta
griegos
y otras palabras
pero con una pronunciación rara
donde la lengua se enreda
como una serpiente velluda
al paladar con que se nombra
Ceslovas Cesnakevicius
ama
o dice que ama
a una mujer desconocida.
(quizá Ceslovas sea nombre de mujer
y entonces ame a un señor
pero también puede amar a otra mujer
o a una oveja
o a un violín)
Cesnakevicius decía su maestra
al tomar asistencia
presente contestaba
pero seguro que en otro idioma
su dentista lo llamó así
al extirparle un premolar redondo
y manifiestamente disforme
su psiquiatra lo llamaba así
pero a veces
palmeándole el hombro
tiernamente le decía sólo ‘Ceslovas’
mientras anotaba lo siguiente:
pupilas dilatadas
manos sudadas
dispersión
Ceslovas Cesnakevicius una noche soñó
que era un puente
y que el puente estaba tendido sobre un río negro
y que en el río negro flotaban niñas ahogadas
y que una le sonreía
y Ceslovas sólo por eso dejó de ser puente
y fue río

domingo, junio 17, 2007

La tormenta.


i.
vení, vos, El Tan Triste,
sentate a mi lado,
cantame con tu voz de indio domado,
démonos las manos en esta tormenta eléctrica,
compartamos el miedo

la fiesta es lejos,
es de los otros

vos mirás para ese lado
con la nariz alzada,
oliendo, en el aire caliente y húmedo,
el rastro leve de la perra en celo.

vos, El Tan Perro,
hembro, hombra,
vos sabés que yo te adivino,
no te hagas el loco,
el desentendido,
el benedicto

ii.
que el relámpago se haga en tus ojos negros

había, en la chacra de los Dezotti,
un potro blanco de ojos así

estaba alambrado,
atado,
y a la noche corría,
creo que por la locura de la soledad
y daba relinchos grandes como el campo

la libertad del potro
sin la yegua
era, digo, más cárcel que nunca

iii.
no hay nada que yo pueda decirte
en esta noche,
ni en ninguna,
creeme

no hay forma que yo pueda salvarte
¿de qué, por ejemplo,
podría salvarte?
ya agotamos la palabra,
mi amor,
fumemos un rato,
miremos el granizo caer
fijate qué hermosa la niebla
el humo

¿dónde estás?

iv.
¿vos creés que el viento se la lleva?
atrás,
en el verano,
cerca de los animales,
la vieja me llevaba a orinar
y del pasto se levantaba
ese vaho confuso y dulce

¿ves la inundación?
yo creo que se viene
no tiembles,
portate como un hombre
abrazame

v.
el barro nos crea

alguien vendrá a vernos
alguien dirá de nosotros lo que pueda:
“eran adán y eva,
quietitos, mirá,
embarrados,
como al principio
aunque algo muertos”

ya sé,
qué pobreza de palabras,
qué mordiscos a la lengua,
todos estos pedazos de nada

ya sé
un poco como la vida

mientras bajamos,
te cerraré a besos
los ojos

jueves, junio 07, 2007

Cortejo en la vía púbica (poema del travestimiento)


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Dice mi padre, el italiano, el apóstata:

“Oh, Camaleona, en tus tetas yo herviría toda Italia,
toda entera, península grasienta.
Yo en tu pubis chocaría,
me mataría con el Ford.
Porque la muerte,
-oh, Fermosa, oh, Neurótica,
la de áspera lengua-
es una grosella ardiente
que los algunos comemos con delicia
si al tocarla, tocamos una perra como tú.”

De lo que dijo a mi madre otra noche:

“Zíngara, la de ojos almendrados,
en quien se mueren mis ansias de pederastia,*
desarrópate, que pronto estoy al desvirgo,
que crecidos, mis atributos de macho
traspasan las leves telas,
como los ciegos hacen con la oscuridad.

Te bucearía, Narcisa, como haces tú
con el espejo de agua en que te hundes.
Que visiones he tenido,
y en ellas, blanca como la leche,
derramarme me dejabas
en la fértil entrepierna.
Suave cordera de Dios,
¿tan infinita eres
que me pierdo en tu entraña?”

*Miente, el cronista, que probado está que mi padre de pederasta, nada. Salvo las lánguidas miradas hacia ajenos pantalones, acto comparativo antes que de valoración lujuriosa.



Nota: Suena la voz de Billie Holiday acompañada de Luois Amstrong

miércoles, abril 25, 2007

Traduttore Tradittore.

Verrá la morte e avrá i tuoi occhi.
-
-
Verrà la morte e avrà i tuoi occhi-
questa morte che ci accompagna
dal mattino alla sera, insonne,
sorda, come un vecchio rimorso
o un vizio assurdo. I tuoi occhi
saranno una vana parola,
un grido taciuto, un silenzio.
Così li vedi ogni mattina
quando su te sola ti pieghi
nello specchio. O cara speranza,
quel giorno sapremo anche noi
che sei la vita e sei il nulla.

Per tutti la morte ha uno sguardo.
Verrà la morte e avrà i tuoi occhi.
Sarà come smettere un vizio,
come vedere nello specchio
riemergere un viso morto,
come ascoltare un labbro chiuso.
Scenderemo nel gorgo muti.
*
*
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
-
-
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
esta muerte que nos acompaña
de la mañana a la noche, insomne,
sorda, como un viejo remordimiento
o un vicio absurdo. Tus ojos
serán una vana palabra,
un grito callado, un silencio.
Así los ves cada mañana
cuando sola te inclinas
ante el espejo. Oh, amada esperanza,
ese día sabremos también nosotros
que eres la vida y eres la nada.

Para todos la muerte tiene una mirada.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como abandonar un hábito,
como ver en el espejo
resurgir un rostro muerto,
como escuchar un labio cerrado.
Descenderemos mudos al abismo.

Césare Pavese.

Traducción casera (es lo que hay)

jueves, abril 19, 2007

Vitales.



Vendrán lluvias suaves.
Serenas.
Dulces.
Arrasarán el pueblo.
Lo hundirán.
Te hundirás con él.
Luego serás un pez.
Un pez de dilatados ojos.
Yo me buscaré una orilla
desde donde verte brillar.
Pero te veré
enamorado de la sirena,
convertido en salmón.
Te veré irte,
eléctrico,
distante,
indiferente,
a repetir el destino de Ulises,
a morir de amor en las costas de Cipango,
a perderte en las corrientes vertiginosas.
No estarás más.

Otra vez vendrá el viento.
Vendrá cada vez más fuerte.
Romperá las mariposas,
romperá las farolas,
desenterrará ombúes,
Baobabs.
Sacará de quicio las puertas,
esparcirá los vidrios por las calles.
Esparcirá los maniquíes de las tiendas de ropa,
quedarán mutilados,
locos, secos, inanimados.
Rodarán, por la calle,
los cajeros automáticos,
algunos niños,
algunos perros,
los boletos del cine.
Vos criarás alas.
Serás un pájaro.
Te veré irte,
etéreo, altísimo,
luminoso.
Yo entraré al ojo del tornado
para mirarte desde abajo
hasta que no seas más
que un punto
entre las nubes.
Un pedazo de papel.
Un barrilete.
Un pequeño y dulce origami
volando allá.
Y no te veré más.

Un día otro, el fuego será.
Comenzará de improviso,
cálido,
generoso,
como lumbre.
Tibio como el seno de una madre.
Luego crecerá en lenguas,
en cabezas.
Díscolo.
Infernal.
Doloroso y fuerte.
Hará cenizas las rosas.
Hará cenizas los libros de Botánica,
los diarios íntimos,
las recetas de jarabes para niños,
las cartas que ya no llegarán.
Vos empezarás a transparentarte.
Serás un fantasma.
Una invisibilidad.
Y no podré, no,
reconocerte en el aire oscuro,
en el humo tembloroso.
Te buscaré como ciega
en la densidad del espacio,
en los escombros del Palacio de las Artes.
Pero vos
no estarás más.
O yo no podré verte,
lo cual es idéntico.

Ocurrirá lo de la tierra.
Entonces te hundirás,
hosco y somnoliento como un topo
en una madriguera angosta
donde mi mano no quepa,
donde no llegue la luz
que quiero prodigarte.
Entonces, amor mío,
yo te echaré mis perros,
la ensañada violencia de sus dientes,
el aliento denso de sus bocas.
Y te escucharé morir,
dejar de latir,
de ser.
Y ya no volverás a estar,
porque estarás muerto.
Lo cual es idéntico.


Nota: La imagen pertenece a Misha Gordin.