sábado, enero 12, 2008

Las cosas que no me he dicho II.



Han sido, ya, las dos de la tarde,
y aquí sigue lo oscuro.

El día, que me trae noche,
y la noche que lo sucede saben
que en algún lugar de esta pared
estoy escrita.

Nunca debe ser alumbrado.

Si entrara este signo a jugar
con los otros,
me diluiría como la sangre
en el agua.

Para eso,
prefiero esta muerte,
este silencio.
Nota: La imagen pertenece a Taste.

miércoles, enero 09, 2008

Cuatro cuentitos.

1-

Traedme el caballo más veloz —pidió el hombre honrado—
Acabo de decirle la verdad al rey.


Autor: Marco Denevi.

2-

Otra versión de la Odisea cuenta que la tripulación se perdió porque Ulises había ordenado a sus compañeros que se taparan los oídos para no oír el pérfido si bien dulce canto de las sirenas, pero olvidó indicarles que cerraran los ojos, y como además las sirenas, de formas generosas, sabían danzar...

Autor: José de la Colina.

3-

¡Arriad el foque!, ordena el capitán. ¡Arriad el foque!, repite el segundo. ¡Orzad a estribor!, grita el capitán. ¡Orzad a estribor!, repite el segundo. ¡Cuidado con el bauprés!, grita el capitán. ¡El bauprés!, repite el segundo. ¡Abatid el palo de mesana!, grita el capitán. ¡El palo de mesana!, repite el segundo. Entretanto, la tormenta arrecia y los marineros corremos de un lado a otro de la cubierta, desconcertados. Si no encontramos pronto un diccionario, nos vamos a pique sin remedio.

Autor: Ana María Shua.

4-

Tras la cerrada ovación que puso término a la sesión plenaria del Congreso Internacional de Lingüística y Afines, la hermosa taquígrafa recogió sus lápices y papeles y se dirigió hacia la salida abriéndose paso entre un centenar de lingüistas, filólogos, semiólogos, críticos estructuralistas y desconstruccionistas, todos los cuales siguieron su garboso desplazamiento con una admiración rayana en la glosemática.
De pronto las diversas acuñaciones cerebrales adquirieron vigencia fónica:
­¡Qué sintagma!
­¡Qué polisemia!
­¡Qué significante!
­¡Qué diacronía!
­¡Qué exemplar ceterorum!
­¡Qué Zungenspitze!
­¡Qué morfema!
La hermosa taquígrafa desfiló impertérrita y adusta entre aquella selva de fonemas.
Sólo se la vio sonreír, halagada y tal vez vulnerable, cuando el joven ordenanza, antes de abrirle la puerta, murmuró casi en su oído: ''Cosita linda".


Autor: Mario Benedetti.

martes, enero 08, 2008

La salida.



Detrás de la ciudad,
la otra ciudad respira.

En medio no existe límite,
frontera,
picota que defina
cuándo es que abandonamos
la primera, cuándo
entramos a la segunda.

Da igual que sea
un síntoma de la libertad
o un artificio de espejos.

De aquí no se sale.
Nota: La imagen pertenece a Magdalena Wanli.

domingo, enero 06, 2008

Los sonidos de la ternura.




Loncomeo del amor mapuche-Los hermanos Berbel.

viernes, diciembre 28, 2007

Las confesiones de Bioy Casares.

"Cuando yo era chico no sabía lo que significaba fornicar, se lo pregunté a mis padres y ellos me dijeron que fornicar significaba decir malas palabras. Entonces, cuando me confesé para la primera comunión, lo primero que le dije al cura es que yo fornicaba de vez en cuando. Un poco sorprendido, el cura me preguntó si lo hacía con hombres o con mujeres. Como en ese tiempo estaba muy mal visto decir malas palabras delante de las mujeres, yo contesté, casi orgulloso: 'Con hombres, padre, sólo con hombres'."

martes, diciembre 18, 2007

1812

Nena hu'~u.
Nena viento.
Rosa excesiva.
Lengua suave de la pantera.
Celaje de la tarde.
Nena Satie, tersa.
Rastro de ciervo.
Ocultamiento del sol.
Perfume del ébano.
Agua que pule la roca.
Ascenso del pájaro.
Lumbre.
Imitación de la mañana.
Nena del aire.

jueves, diciembre 13, 2007

Carta a mi sobrina Teté, en su primer cumpleaños.




Mi Zumbayllu. Mi Layk’a supay. Hermosa demonia, hada.
No te quise a la hora de haber nacido. No a la segunda. No a los 30 días. Te rechazaba, no quería verte, no quería enamorarme de vos, no que llenaras mis sueños. Porque se acostumbra, una, a la luz de los sueños. Te quise un día cuando me miraste con expresión de reconocerme. Yo creo que habías tenido un viaje largo, que volvías de no sé dónde, a mirarme, a decirme ‘soy, veo’, a decirme ‘estoy acá, voy a necesitar tus brazos, tu calor’. Era otoño. Andaba recogiendo las nueces caídas. Creo que toqué una y se abrió el corazón de ella. Un insecto había tomado su carne, su perfume, la caparazón, y allí había vivido quién sabe cuántos días sin que yo supiera, nunca, porqué, estaba, era. Así fue con vos. Fue tropezarme con la vida, los aromas, la transparencia, todo junto, de un golpe. Algo del otro lado de la muerte, muy del otro lado.
Flor de azafrán, pez dorado: ahora te amo. Quisiera defenderte de la vida, pero eso es malo. Yo he vivido, he visto, soy una pantalla turbia. No podrás (no quiero) que mires a través de mí. Mirá vos, tocá, olé. Hay mucho de lo bello, y mucho de lo triste, no sé si en partes iguales. Uno es el reverso de la moneda del otro. Y esa moneda ya te cabe en la mano.
Te beso, Luminosa.
Tía Elena.

miércoles, diciembre 12, 2007

1212



Rómpame, Único,
el cristal del corazón.

Bien si, por violento ánimo,
gustando ud. de la velocidad,
se sube al automóvil
y embistiendo, lo quiebra,
lo traspasa como a una cortina de agua,
como a un hijo frágil
de huesos de paloma.

Bien si, por dotes de vidriero,
consigue, después de encenderlo,
de inflamarlo,
de darle la redonda forma de la cereza,
tirarlo contra la acera.
Sería sutil y agudo el ruido
del músculo quebrado
y centelleante.

Habrá, de cualquier modo
lo que hay para estos casos:
el fulgor rosa de la carne herida,
un poco de dolor,
el olvido, luego,
como siempre.

Andará buscando ud.
sus pedazos entre los míos.

Nota: La imagen pertenece a Musin Yohan.


jueves, diciembre 06, 2007

Ahora que llueve.




He ungido en la boca mi dedo.
He puesto en la ventana tu nombre,
un nombre de bravos dientes,
variedad del tigre,
abiertos en dirección de la presa.

Al lado del tuyo,
he acostado mi propia palabra,
ebúrnea, temblorosa,
variedad del conejo
abierta en dirección de tu boca.

La he amaestrado para esta muerte.
Para este amor.

Nota: La imagen pertenece a Stanko Abadzic.


miércoles, diciembre 05, 2007

Invitación 2.

Maréeme, señor,
ud. tiene altura para eso.

Invitación.


Venime, soledad.
Venime a la par.
Sé mi mastín adolescente,
adorname la cara con saliva,
matame las sombras.

Vamos a partir la casa como hermanas.
Tendrás tu patio de luz,
tu reposera,
la mitad de mi toda dicha.

Cuando yo regrese del trabajo
y se haga la hora de fumar,
saldremos afuera,
a hablar bajito de él:
de cuánto lo extrañamos,
de cuán poco nuestro es,
de cómo el humo perfila, en la noche,
lo oscuro de su rostro,
perdido como está
en la memoria
y en la distancia.

Están en mis ojos los tuyos,
como en el agua
los continentes.
Nota: La imagen pertenece a Martin Elkort

lunes, diciembre 03, 2007

0312




No recuerdo cómo entré a la vida.
No sospecho cómo se sale.

Me siento un pájaro enredado
en los cables de teléfono:
la perspectiva de la altura es,
en definitiva,
de una belleza crítica.

Si me aquieto,
el lazo se hace prisión
y estancamiento.

Si me rebelo,
el lazo se vuelve horca
y tiende hacia la muerte.

Entonces procedo
a piar y maldecir,
a hacer los gestos que tiene el pájaro,
unos muy parecidos al absurdo
y al desamparo.

miércoles, noviembre 28, 2007

2811



Tengo la sangre, hoy, toda muda.
No puedo elaborar el grito
del desgarro diario.
No puedo prometerme nada.
No quiero una esperanza.

Estoy frágil y silenciosa
como nunca estuve,
de frente al espejo de mi propio espanto:
así me he puesto siempre.

Nunca me perdono, nunca
pienso en el dolor sutil. Le ofrezco
mi cuello a la bestia que quiera
y luego espero su saciedad,
su retirada.

Si me deja una ausencia,
un hueco incontenible, prefiero creer
que de mí ha comido la materia sombría:
que salgo rota
pero más pura.

Yo quisiera ser como un agua bíblica,
que al estirar la mano los hombres encuentren
su propia redención.
Pero sé que sólo conduzco
a un paraíso desmañado y salvaje,
donde el corazón que tengo
se agita
y retoza,
como un niño apedreado,
como un animal en celo,
atado y mustio.

Nota: La imagen pertenece a Sarah Kane.



viernes, noviembre 23, 2007

Las cosas que no me he dicho.




Vivir es un oficio,
y me ocupa gran parte del día.

Yo no dije que amanecer fuera feliz,
dije que era hermoso ver cómo
en la tristeza radiante de las cosas
una encuentra el motivo.

Perdurarse no es heroico.
Es, más bien,
el simple miedo a extraviar
la vida,
(que es también una costumbre)
en la línea de la muerte
lo que me sostiene.

Es una mascarada.
Pura ficción.
Y eso me basta.
Nota: La imagen pertenece a Stanko Abadzic.

lunes, noviembre 19, 2007

Fragmentos.

"Cuando un hombre, que es joven y que se cree inmortal, siente que todo se derrumba –el porvenir vaticinado en los pactos con el Diablo, los sueños de inasible belleza, la utopía que se doraba como un pan en la inimaginada fragilidad de la conspiración-, busca a una mujer. Cuando todo se derrumba, la mujer queda, resiste. Nadie sabrá decir, nunca, porqué."

Capítulo XIX.
La revolución es un sueño eterno.
Andrés Rivera.
Ed. Alfaguara.




"El carácter inestable del lenguaje define la vida en la isla. Nunca se sabe con qué palabras serán nombrados en el futuro los estados presentes. A veces llegan cartas escritas con signos que ya no se comprenden. A veces un hombre y una mujer son amantes apasionados en una lengua y en otra son hostiles y casi desconocidos. Grandes poetas dejan de serlo y se convierten en nada y en vida ven surgir otros clásicos (que también son olvidados). Todas las obras maestras duran lo que dura la lengua en la que fueron escritas. Sólo el silencio persiste, claro como el agua, siempre igual a sí mismo."

Capítulo V, La isla.
Del libro Cuentos Morales.
Ricardo Piglia.
Ed. Planeta.


"La vida no es lo que tu crees. Es un agua que los jóvenes dejan correr sin saberlo, entre los dedos abiertos. Cierra las manos, ciérralas, rápido. Retenla. Ya verás, se convertirá en una cosita dura y simple que uno roe sentado al sol."

Creón a Antígona.
Antígona-Jezabel.
Jean Anouilh.
Ed. Losada.



"El caballo, -pues-, que no sabe que debe morir, no tiene metafísica. Pero si lo supiera, el problema de la muerte, al final, se tornaría también para él mucho más grave que el problema de la vida.
Encontrar el heno y la hierba es, seguramente, un grandísimo problema. Pero dentro de este problema, surge otro: “¿Porqué, después de haberse fatigado durante veinte, treinta años para encontrar la hierba, hay que morir sin saber porqué razón uno ha vivido?”

Il marito di mia moglie.
Pelirrojo, alimaña y otros cuentos.
Verga, Pirandello, Moravia y otros.
Biblioteca básica universal.

miércoles, noviembre 14, 2007

Milonga Lunfarda -Edmundo Rivero


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En este hermoso país
que es mi tierra, la Argentina,
la mujer es una mina
y el fuelle es un bandoneón.
El vigilante, un botón.
la policía, la cana.
el que roba es el que afana.
el chorro un vulgar ladrón.
Al zonzo llaman chabón
y al vivo le baten rana.
La guita o el vento es
el dinero que circula;
un cuento es meter la mula,
y al vesre por al revés.
Si pelechaste, tenés
y en la rama si estas seco.
Si andás bien, andás derecho;
tirao, el que nada tiene
Chapar es, si te conviene,
agarrar lo que esta hecho.

El cotorro es el lugar
donde se hace el amor.
El pasha es un gran señor
que sus mangos acamala.
La vecina es la fulana,
el tordo es algún doctor,
el estaño un mostrador
donde un curda se emborracha,
Y si es que haces pata ancha
te la das de sobrador.

El que trabaja, labura;
quien no hace nada es un fiaca,
la pinta es la que destaca
los rasgos de tu apostura.
Mala racha es mishiadura,
que hace la vida fulera.
La cama es una catrera
y apoliyar es dormirse.
Rajar o piantarse es irse,
y esto lo manya cualquiera.

Y que te van a contar,
ya esta todo relojeado.
Aquello visto, es junado;
lo sabe toda la tierra.
Si hasta la Real Academia,
que de parla sabe mucho,
le va a pedir a Pichuco
y a Grela, con su guitarra,
que a esta milonga lunfarda
me la musiquen de grupo.

lunes, noviembre 05, 2007

La infancia -aproximaciones-

i.
¿Tenía, la infancia, éste nombre de muñeca
de ojos vítreos?
¿Este pausado y armonioso
abrir y cerrar de ojos?
¿Este no sexo
ni de carne ni de plástico?
¿Esta ausencia de razón,
toda la lengua muda?

ii.
Recuerdo el toro,
su asta de terciopelo azul,
toda su muerte, luego,
toda junta,
como un charco.

Esos eran los sueños.
Los juegos.

iii.
Visito 1978 como si visitara
la casa en que no estuve, el pecho
del hermano que está abajo
y que no vuelve,
ando oliendo
mi propia ausencia en los rincones,
diciendo, con el mucho hambre,
la palabra que no sacia.
Ando perdida de mí
adentro de mí.



martes, octubre 23, 2007

La casa.



Antes de la lluvia
no hubo refugio,
caverna, estanque,
casa.

Era el tiempo del caos y el desconcierto.

El fuego de la tarde anidaba aquí,
en la piel,
y se dejaba estar
como un gato en un ánfora.
algo triste y cercano a la muerte,
como el humo o la niebla.

No teníamos ventanas.
Las cosas y los animales entraban en nosotros
como si fuésemos algo hueco,
un embudo de carne,
una ausencia.

Las espinas, los vidrios,
los desperdicios de la sangre,
el grito de los otros hombres,
la humedad de la mañana,
todo giraba alrededor nuestro,
y no había nombre para decir esas cosas:
apenas un gruñido torpe,
un balbuceo,
algo que no era palabra.

Entonces llegó el agua:
se hizo el tiempo de la cereza,
del ángel,
de todo lo que es brote,
humedad.

Hubo barro.

A propósito nos esculpíamos en esa materia.
A propósito jugábamos.
poníamos cara de Adán y Eva antes de la caída.
Empezábamos a hacer el mundo.

De a poco se levantó la casa.
Tenía paredes acariciantes.
Tenía olores cavernarios.
Tenía sugerida la muerte en la penumbra de sus rincones,
en las arañas escuálidas,
las ollas de cocer el maíz,
en las cortinas donde anidaba el fantasma.

Era el comienzo del mundo
y nacíamos.
Nota: La imagen pertenece a Bahri Budak.

domingo, octubre 21, 2007

La mauvaise reputation-George Brassens



En mi pueblo siempre hay tensión,
tengo mala reputación,
haga lo que haga es igual
todo lo consideran mal.
Yo no pienso pues hacer ningún daño
queriendo vivir fuera del rebaño.
No, a la gente no gusta que
uno tenga su propia fe.
No, a la gente no gusta que
uno tenga su propia fe.
Todos todos me miran mal
salvo los ciegos es natural.

Cuando la fiesta nacional
yo me quedo en la cama igual,
que la música militar
nunca me pudo levantar.
En el mundo pues no hay mayor pecado
que el de no seguir al abanderado.
No, a la gente no gusta que
uno tenga su propia fe.
No, a la gente no gusta que
uno tenga su propia fe.
Todos me muestran con el dedo
salvo los mancos, quiero y no puedo.

Si en la calle corre un ladrón
y a la zaga va un ricachón,
Zancadilla pongo al señor
y he aplastado el perseguidor.
Eso sí que sí que será una lata
siempre tengo yo que meter la pata.
No, a la gente no gusta que
uno tenga su propia fe.
No, a la gente no gusta que
uno tenga su propia fe.
Tras de mí todos a correr
salvo los cojos, es de creer.

No hace falta saber latín
yo ya se cual será mi fin,
en el pueblo se empieza a oir,
muerte, muerte al villano vil.
Yo no pienso pues armar ningún lío
conque no va a Roma el camino mío.
No a la gente no gusta que
uno tenga su propia fe.
No, a la gente no gusta que
uno tenga su propia fe.
Todos vendrán a verme ahorcar,
salvo los ciegos, es natural.

viernes, octubre 19, 2007

Genealogía-Felisberto Hernández

1-
Hubo una vez en el espacio una línea horizontal infinita. Por ella se paseaba una circunferencia de derecha a izquierda. Parecía como que cada punto de la circunferencia fuera coincidiendo con cada punto de la línea horizontal. La circunferencia caminaba tranquila, lentamente e indiferentemente. Pero no siempre caminaba. De pronto se paraba: pasaban unos instantes. Después giraba lentamente sobre uno de sus puntos. Tan pronto la veía de frente como de perfil. Pero todo esto no era brusco, sus movimientos no eran reposados. Cuando quedaba de perfil se detenía otros instantes y yo no veía más que una perpendicular. Después comenzaba a ver dos líneas curvas convexas juntas en los extremos y cada vez las líneas eran más curvas hasta que llegaban a ser la circunferencia de frente. Y así, en este ritmo, se paseaba la joven circunferencia.

2-
Pero una vez la circunferencia violentó su ritmo. Se detuvo más tiempo que de costumbre: quedó parada con el perfil hacia mí y el frente hacia la línea infinita. Parecía observar en el sentido opuesto de su camino. Pasó mucho tiempo sin ver nada a lo largo de la línea infinita. Pero la intuición de la circunferencia no erró: de pronto, con otro ritmo violento, de andar brusco, de lados grandes, se acercaba un vigoroso triángulo. La circunferencia giró sobre uno de sus puntos y los demás volvieron a coincidir con los de la horizontal en el mismo sentido de antes.

3-
Pero el ritmo de la circunferencia fue distinto al de antes: no era indiferente ni tan lento. Poco a poco iba tomando la forma de una elipse y su ritmo era de una gracia ondulada. Tan pronto era suavemente más alta o suavemente más baja. El vigoroso triángulo se precipitaba regularmente violento. Pero su velocidad no prometía alcanzar a la elipse. Sin embargo la elipse se detuvo un poco hasta que el precipitado triángulo estuvo cerca. Esa misma corta distancia los separó mucho tiempo y nada había cambiado hasta que el triángulo consideró muy bruscos sus pasos: prefirió la compensación de que fueran más numerosos y más cortos y se volvió un moderado pentágono.

4-
Ahora, hecho un pentágono era más refinado, menos brusco, pero no más veloz, ni menos torturado de problemas. Su marcha era regular a pesar de la contradicción de sus deseos: ser desigual, desproporcionados sus pasos, arrítmico. Y pensó y pensó durante mucho tiempo sin dejar de marchar tras la suave serenidad de la elipse. La elipse no se cambió más, además era sin problemas, espontáneamente regular y continuada. Y todo esto parecía excitar más al pentágono que de pronto resolvió el último problema volviéndose un alegre cuadrilátero.

5-
Pero una vez, la elipse rompió la inercia de su ritmo. Hasta en este trance fue serena. A pesar de la velocidad y la brusca detención hizo que sus curvas suavizaran esta última determinación. El cuadrilátero no fue tan dueño de sí mismo. No pudo romper tan pronto su inercia. Al llegar junto a la elipse pareció como que se produjo un eclipse fugaz y el cuadrilátero se adelantó. Recién después de haber dejado a la elipse muy atrás, pudo detenerse. Pero entonces la elipse reanudó su ritmo con la misma facilidad que lo dejó, se produjo un nuevo eclipse y el cuadrilátero quedó tras ella a la misma distancia de antes.

6-
La elipse volvió a detenerse. El cuadrilátero volvió a llegar hasta la elipse. El eclipse volvió a ocurrir. Pero fue el último: fue el eclipse eterno. La elipse quedó encerrada entre el cuadrilátero en un vértigo de velocidad. Fueron muy armoniosas las curvas de la elipse entre los ángulos del cuadrilátero y así pasaron todo el tiempo de sus vidas jóvenes. Cuando fueron viejos no se les importó más de la forma y la elipse se volvió una circunferencia encerrada en un triángulo. Marcharon cada vez más lentamente hasta que se detuvieron. Cuando murieron, el triángulo desunió sus lados tendiendo a formar una línea horizontal. La circunferencia se abrió, quedó hecha una línea curva y después una recta. Los dos unidos fueron otra línea superpuesta a la que les sirvió de camino. Y así, lentamente, se llenó el espacio de muchas líneas horizontales infinitas.

jueves, octubre 18, 2007

Revés.

Este es tu espejo, Elena.
Todo tuyo.

Podés besarlo en la boca como Narciso.
En la mejilla como Judas.
Eso es irrelevante:
si es cierto lo del reflejo,
terminarás jodida o muerta,
ahogada con vos misma,
confundida con la Otra
que sí sabe lo que quiere.

domingo, octubre 14, 2007

viernes, octubre 12, 2007

Cuestión de identidad


Crúzame el desierto,
la bruma.
Hazme aquí el dolor.

En vos, hay un amor ternísimo
de manatíes y roces de aeroplanos,
de médula de damasco.

Cerca tuyo
dan ganas de rondarte la boca
como una abeja,
libarte los ojos,
posarse en la presa ambigua de tu corazón,
ser un animal pequeño y hermoso.

Quiero llevarte a la oscuridad
que me venís espantando
desde el primer verso.

Quiero ser lo que no soy.
Ser lo que no somos.

La fiesta.


Allá arriba se hace la fiesta.

No en el extinto cielo.
no en el temido paraíso:
en la casa lujosa como orquídea,
toda carnal y bien formada,
como ala,
como sexo de vampiro,
iluminada por incontables bujías.

A la entrada,
los de abajo hacen ruido de marea,
de cacerola seca,
de un diente feroz brotando entre la nada.

Tienen la música confundida,
la música equivocada.

Y mientras los de arriba barritan y celebran,
los de abajo se hacen leña
y se encienden con un dolor de locos
se tiran contra las puertas,
son el alumbramiento de este mundo,
el abono,
la raíz.

jueves, octubre 04, 2007

2 noticias lindas 2

* El 20 de Agosto me llegó un correo donde me informaban que había ganado el Concurso de los premios Cartografías, primera edición, en el género poesía. La editorial es nuevita, y está dirigida por José Di Marco y Pablo Dema, dos personas más el jurado (compuesto por María del Carmen Marengo, Mari Calviño, y el propio Di Marco) y ya son cuatro, que decidieron confiar en mí, y aguantarme (pagarme) la edición de mi primer libro. No está de más decir que pululo entre la felicidad y la angustia de tener que dar la cara por mi obra, y de echarla al mundo a ver qué pasa.
* La otra noticia linda relacionada con la primera, fue que ayer recibí dos versiones definitivas de lo que va a ser la tapa del susodicho. La proyectó y dibujó Pablo Velasco, y si la están viendo, se van a dar cuenta de que la hizo con mucho amor y respeto. Que la disfrutó, también, que lo hizo feliz. Doble premio para mí, ambos inmerecidos, lo más probable, pero ampliamente disfrutados, y muy soñados. Sí, las cosas lindas también pasan.











lunes, octubre 01, 2007

Impenetrable.




De Dios no recordamos nada.

Sabíamos de su voz aramea,
de los góticos ojos,
del robusto y caliente tacto,
del peplo rojo,
del estigma.
Nada más.

Pero aquí, los niños tobas,
los impronunciables wichí,
los oscuritos del impenetrable chaqueño
todos lo andan buscando,
todos muertitos, andan,
tras las huellas del Mismo,
del Único.

Para irse, emulan el viaje,
el ascenso:
miran el cortinado de las telarañas,
la selva flaca,
(pura soja y animalito seco)
y se ponen del color de la tierra,
de la greda.

“Una muerte muy apropiada,
muy autóctona”
dicen los antropólogos.
y escupen
en el campito roto,
que ni para tumba alcanza.
Nota: La imagen pertenece a Teuku Jody Zulkarnaen

lunes, septiembre 24, 2007

Los grandes lo hacen en una sola línea.

Me ilumino de inmensidad.
(Giussepe Ungaretti)

jueves, septiembre 20, 2007

20-09



Cuando Madre me daba de beber sus pechos, me enseñaba el mundo.
Me decía, con sus tetas grandiosas:
“hija, en el mundo hay Lutecia, hay China,
hay un bosque, o miríadas de bosques
cuyo nombre de todo es Eslovenia,
y esas cosas están más allá de mí”

Entonces se me agrandaban los ojos
y a los diez años se podía decir
que mis ojos cubrían el patio,
la ruta nueve sur,
las autopistas donde pacían vacas,
los incendios de las sierras.

No tenía vergüenza, yo, por mis ojos,
desparramados, cuando dormía,
por toda la casa.

Crecían rabiosos,
como maleza en verano,
y andaba viendo el corazón de las gentes,
abriendo los baúles donde la ropa de mi hermano muerto,
educando mis córneas en el neón triste de las ciudades,
en sus márgenes prolíficos de basura y de perros.

¿Qué fulgor opalescente coronó, aquella tarde,
la tristeza de las antenas?
¿Qué color de Apocalipsis?
¿Qué brillos angélicos retozaron en el horizonte?

De una brecha del cielo descendía el hombre
que habría de cegarme.

Nota: La imagen pertenece a Ali Alisir

domingo, septiembre 16, 2007

Puzzle.


Lo primero fueron sus ojos.
Llegó a tientas, una noche,
ciego,
loco de oscuridad,
y le pregunté:
-¿dónde, amor mío,
perdiste los ojos?-
Y él,
dirigiéndome sus cuencas,
me mintió:
-los olvidé en la oficina.

A la segunda semana,
había perdido las manos.

No sé qué excusas me daba.
Dejé de escuchar
ocupada como estaba
en hacerle el nudo de la corbata,
en marcar el teléfono,
en cepillarle el pelo.

Así, todo un año
fue y vino,
perdiéndose,
hasta que al fin le dije:
‘querido, nunca me gustó el puzzle,
andáte de una vez’.

Entonces lo escuché llorar,
cruzarse las correas de las maletas
en los muñones,
abrir la puerta con los dientes,
irse a gatas a la casa de la otra.

Y yo vi,
cómo la casa se volvía grande,
cómo todo sonaba distinto,
salvo el corazón de él encima de la mesa:
rojo y grande,
regular,
armonioso.

Como todos los días.

Nota: La imagen pertenece a Novic Arman Zhenikeyev

domingo, septiembre 09, 2007

7 maneras de nombrar un pomelo sin decir pomelo.





I-
¿No es raro ese color de doncella
en la piel amarga de una fruta?

II-
Instrucciones:
Rememore el círculo.
Haga que ese recuerdo penda de un árbol fragante.
Ahora arránquelo despacio.
Clávele una uña en el epicentro de la carne rosa.
Desnúdelo.
Ábralo como abriría a una mujer,
Hacia el centro.
Trágueselo de a gajos.

Ha comenzado a entender.

III-
Algo parecido al albor,
con todas sus redondeces,
con ninguno de sus negros pájaros.

IV-
Señor,
si estás en algún lado justo ahora,
bájate de tu solitario,
de tu melancólico,
de tu teatral oficio,
y ponte a abrevar
como un animal
en estas dulzuras.
Señor,
abre tus omniscientes lenguas,
que te chorreen sus jugos,
que tus aletas nasales se expandan,
que te eroticen sus ácidos perfumes,
que al fin sepas.

V-
No la tácita naranja.
No los agrores del pálido limón.
No la acidez pequeñita del kumquat.
No el espesor carnoso de la frutilla.
No la verdeza seminal del kiwi.

Algo más.

VI-
Vino desde la áspera semilla.
De las tormentas eléctricas del Sur.
Del áspero sol de Noviembre.
De las conjunciones astrales.
De la violencia de las lunas llenas.
De la aspereza de la tierra fértil.
De su humus.
De todas sus muertes, vino.
De germinar y echar las oscuras raíces en el ancho mundo.
De expandirse.
De ser el tronco y ser la rama.
Del nido que le infunde sus flujos musicales.
Del aire y las heladas.
Del no ser animal.
Del ser fruta.

VII-
Cuatro cincuenta el kilo, señor.
Si los toca
-y ofrecía los senos intactos-
se los lleva a casa.

sábado, septiembre 08, 2007

Incertidumbre-Edward Hirsch





We couldn’t tell if it was a fire in the hills
Or the hills themselves on fire, smoky yet
Incandescent, too far away to comprehend.
And all this time we were traveling toward
Something vaguely burning in the distance-
A shadow on the horizon, a fault line-
A blue and cloudy peak which never seemed
To receed or get closer as we approached.
And that was all we knew about it
As we stood by the window in a waning Light
Or touched and moved away from each other
And turned back to our books. But it remained
Even so, like the thought of a coal fading
On the upper left-hand side of our chests,
A destination that we bore within ourselves.
And there were those –were they the lucky ones?-
Who were unaware of rushing toward it.
And the blaze awaited them, too.


No estaba claro si era un incendio en las colinas
O las propias colinas incendiadas, humeando
Incandescentes, muy lejos para discernirlo.
Y todo el tiempo viajábamos hacia algo
Que ardía inciertamente en la distancia,
Sombra en el horizonte, línea imperfecta,
Nubosa cima azul que nunca parecía
Avanzar o alejarse según nos acercábamos.
Y eso era todo lo que sabíamos
En la menguante claridad, de pie ante la ventana
O alejándonos conmovidos los unos de los otros
Y volviendo a los libros. Pero permanecía
Aún así, como en el rescoldo de un carbón que se extingue
En el lado superior izquierdo de nuestros pechos,
Un destino que llevábamos dentro de nosotros.
Y había aquellos -¿los afortunados?-
Que no se percataban de avanzar hacia eso.
Y la llama también los esperaba.
Nota: La imagen pertenece a Jean Philippe POLI

martes, septiembre 04, 2007

Canto general-parte I




Oh, las máquinas podadoras de césped,
y su música de cuchillas sobre las ternezas del gusano,
sobre las larvas de la Lepidóptera Heráclica.
Oh, los edificios inteligentes, a cuya torre suben,
felices, los mansos suicidas de todas las épocas.
Oh, el regalo de la preñez a las madres de Villa El Cartón,
Villa Nylon,
Villa Sangre y Sol,
y anexos, y etc.
Oh, los niños apaleadores de perros.
Oh, la bendición urbana de las cañerías rotas,
ante cuyas liquideces se sacian los rebañitos grises de gorriones.
Oh, las salas de espera de los hospitales,
refulgentes bajo el blanco neón,
tibias de sangre,
de esperma,
de los jugos que nos ha dado Dios,
de sucedáneos.
Oh, los inmensos basurales de desperdicios,
donde anidan las enormes ratas de ojos como cuentas de azabache.
Oh, las procesiones de todas las vírgenes,
y su olor desconsolado a rosas.
Oh, el despegue de los aviones,
su estela de humo sobre los cielos naranjas.
Oh, el acontecer del crepúsculo,
visto desde las oscuras salas del Pabellón España.
Oh, el suave desplazamiento de los satélites.
Oh, toda la belleza del mundo.
Nota: La imagen pertenece a Orvill Aakra.

sábado, septiembre 01, 2007

Dictando una carta a Gina.



tengo veintinueve años punto
ayer maté dos alacranes en mi cocina coma
eran anchos y venenosos coma
pero a mi mayúsculas padre no consigo matarlo punto
signo de interrogación me salvará esta náusea signo de interrogación

si de afuera no llega respuesta puntos suspensivos
cuénteme antes cómo es afuera punto
desde aquí se ven las antenas grises brillando al sol coma
se oyen las bocinas coma
los adolescentes excitados con el alcohol coma
todo eso coma
usted sabe punto

me molesta un poco esta correa en el cuello punto
pero cada vez molesta menos punto
el problema aquí
es la mutilación punto final
Nota: La imagen pertenece a Nicole Rothstein