A 19 días para que este blog termine su periplo y se autodestruya.
Era hora.
Así que ando con tiempo de ir agradeciendo a gente que pasó por acá.
Perdidos que andaban buscando cosas que no eran estas pero que se quedaron igual.
Gente que fue traída a punta de lanza o de pistola.
Amables de siempre que hacen el favor de amigos de pasarse y leer.
Curiosos y voyeurs.
Anónimos que se animan a putear y disentir, sólo en el anonimato. Hubo pocos y fueron eliminados sin piedad. Con nombre y apellido, peleo a Santos Vega, con cobardes no.
Raras perlas: no los tumores de la ostra, la belleza y el brillo del tumor de la ostra.
Desconocidos e ignotos.
En el principio de la lista, hubo estos.
jueves, diciembre 11, 2008
jueves, diciembre 04, 2008
3 poemas de Magdalena Ferreiro.
Tablas por ahogado.
El rey está ahogado,
duplicado por aguas añiles,
enredado en algas.
El rey está henchido de sales,
hermanado con los peces.
Creí que este día sería perfecto,
pero si el rey no lo sabe,
no hay justicia.
El rey está ahogado.
Vayamos a tablas
que nadie puede ganar ya.
Seamos dignos.
Es una cuestión de hidalguía.
Verbera, vibra, se hunde
el rey.
Diagrama arbóreo.
Planta vulneraria.
No cura llagas: las crea.
Hojas dentadas
con haz sedoso
y áspero, espinado al envés.
Hemos llegado al Reino
y todo es sorpresa, niña.
¿Querías juegos arbóreos?
Aquí tu rama, tu tártago.
Lóbulos labiados,
lanceolados.
Cántaros de savia astringente.
Y se alza el venablo de San Jorge,
se yergue la tramoya esmeraldina.
Hierba de las siete sangrías.
Su raíz macerada de estupor.
(Purgarás las culpas de los príncipes,
a la tierra regalarás tu entraña).
Flor de la sal.
Corona de esporas.
Éscaras
en la espalda que aún vive.
Cáliz encarnado,
encarnizado,
pecíolos de agua lustral.
Maderas que exudan resina,
se inmolan, queman fragancia.
Tallos rastreros sin confín.
Vibrisas,
vicio de subrepción.
Duerme un sueño
vegetal, inflorescente.
Crueles estambres,
frutos en cápsula.
Poliniza.
Tendría lengua bífida
si fuera reptil,
pero es él,
es una planta, todas.
Juego de cercar la liebre.
Cercar la liebre
de tal suerte que no haya
un resquicio,
un rescoldo:
instarla, conminarla.
Cercar la liebre
siglo tras día,
hora tras año,
hasta verla de pronto,
lebrel,
en tu biblioteca.
Juego es el juego.
Nota: estos textos fueron extraídos de las páginas detalladas a continuación.
1)http://www.letralia.com/182/letras11.htm
2)http://laseleccionesafectivasuruguay.blogspot.com/2008/01/magdalena-ferreiro.html
El rey está ahogado,
duplicado por aguas añiles,
enredado en algas.
El rey está henchido de sales,
hermanado con los peces.
Creí que este día sería perfecto,
pero si el rey no lo sabe,
no hay justicia.
El rey está ahogado.
Vayamos a tablas
que nadie puede ganar ya.
Seamos dignos.
Es una cuestión de hidalguía.
Verbera, vibra, se hunde
el rey.
Diagrama arbóreo.
Planta vulneraria.
No cura llagas: las crea.
Hojas dentadas
con haz sedoso
y áspero, espinado al envés.
Hemos llegado al Reino
y todo es sorpresa, niña.
¿Querías juegos arbóreos?
Aquí tu rama, tu tártago.
Lóbulos labiados,
lanceolados.
Cántaros de savia astringente.
Y se alza el venablo de San Jorge,
se yergue la tramoya esmeraldina.
Hierba de las siete sangrías.
Su raíz macerada de estupor.
(Purgarás las culpas de los príncipes,
a la tierra regalarás tu entraña).
Flor de la sal.
Corona de esporas.
Éscaras
en la espalda que aún vive.
Cáliz encarnado,
encarnizado,
pecíolos de agua lustral.
Maderas que exudan resina,
se inmolan, queman fragancia.
Tallos rastreros sin confín.
Vibrisas,
vicio de subrepción.
Duerme un sueño
vegetal, inflorescente.
Crueles estambres,
frutos en cápsula.
Poliniza.
Tendría lengua bífida
si fuera reptil,
pero es él,
es una planta, todas.
Juego de cercar la liebre.
Cercar la liebre
de tal suerte que no haya
un resquicio,
un rescoldo:
instarla, conminarla.
Cercar la liebre
siglo tras día,
hora tras año,
hasta verla de pronto,
lebrel,
en tu biblioteca.
Juego es el juego.
Nota: estos textos fueron extraídos de las páginas detalladas a continuación.
1)http://www.letralia.com/182/letras11.htm
2)http://laseleccionesafectivasuruguay.blogspot.com/2008/01/magdalena-ferreiro.html
viernes, noviembre 28, 2008
281108
madre me llevaba de la mano
por el terraplén oscuro
decía:
esa es la bomba de agua,
el perro amarillo, ése, no lobo,
ahí las parvas,
más allá el pajonal de las cluecas
decía:
nunca, a tu edad,
vi estas cosas
llegábamos hasta la capilla
de los garzón a ver
los altos vitrales del cristo
de la buena muerte,
el áspero cuero de las iguanas,
la ruta, siempre lejos
a la vuelta me daba
el pan de la tarde, cantando
los salmos preferidos,
y una tristeza hermosa me cerraba
la garganta,
o quizá el polvo del camino,
o dios, que entonces era
un potro negro
que despertaba el miedo
por el terraplén oscuro
decía:
esa es la bomba de agua,
el perro amarillo, ése, no lobo,
ahí las parvas,
más allá el pajonal de las cluecas
decía:
nunca, a tu edad,
vi estas cosas
llegábamos hasta la capilla
de los garzón a ver
los altos vitrales del cristo
de la buena muerte,
el áspero cuero de las iguanas,
la ruta, siempre lejos
a la vuelta me daba
el pan de la tarde, cantando
los salmos preferidos,
y una tristeza hermosa me cerraba
la garganta,
o quizá el polvo del camino,
o dios, que entonces era
un potro negro
que despertaba el miedo
miércoles, noviembre 19, 2008
Lecturas.
Lugar: Casa de la lectura.
Hora: 21 horas.
Dirección: Lavalleja 924-Capital Federal.
Poetas presentes:
1) Marcelo Dughetti
2) Alejo Carbonell
3) Jorge Dipré
4) Sergio Gaiteri
5) Félix Bruzzone
6) Leonel Livchits
Editoriales presentes:
1) Editorial Recovecos
2) Editorial Tamarisco
Coordina: Damián Ríos-
Hora: 21 horas.
Dirección: Lavalleja 924-Capital Federal.
Poetas presentes:
1) Marcelo Dughetti
2) Alejo Carbonell
3) Jorge Dipré
4) Sergio Gaiteri
5) Félix Bruzzone
6) Leonel Livchits
Editoriales presentes:
1) Editorial Recovecos
2) Editorial Tamarisco
Coordina: Damián Ríos-
191108
aprendí a fumar con rubén,
enrrollando tabaco Mariposa en papel
de seda
lo hacíamos a la noche,
sentados en un escalón de la casilla
mientras, a nuestros pies,
sus lánguidos perros soñaban
con la sangre dulce de las liebres
en el monte cercano
a veces todo era oscuridad, salvo
su cara
iluminada brevemente por el fuego,
como un animal por los
relámpagos
el día que se fue del pueblo,
me dejó su radio
y los jabones partidos, que yo usaba
pasándomelos, despacio,
por el cuerpo
con la última espuma disuelta en el agua
se fue, también, la memoria
y el deseo de él,
una cosa fragante
y sutil,
como los eucaliptus
cuando los moja la niebla
enrrollando tabaco Mariposa en papel
de seda
lo hacíamos a la noche,
sentados en un escalón de la casilla
mientras, a nuestros pies,
sus lánguidos perros soñaban
con la sangre dulce de las liebres
en el monte cercano
a veces todo era oscuridad, salvo
su cara
iluminada brevemente por el fuego,
como un animal por los
relámpagos
el día que se fue del pueblo,
me dejó su radio
y los jabones partidos, que yo usaba
pasándomelos, despacio,
por el cuerpo
con la última espuma disuelta en el agua
se fue, también, la memoria
y el deseo de él,
una cosa fragante
y sutil,
como los eucaliptus
cuando los moja la niebla
sábado, noviembre 08, 2008
lo mismo digo agua que palabra
frente a la casa, antes que
construyeran los edificios ostentosos,
las oficinas asépticas de la calle
belgrano, los negocios de chucherías,
hubo un baldío
y en el centro, un malacate
allí íbamos, con mauro lesjtch,
algunas siestas, a jugar
que éramos caballos ciegos y dábamos
vueltas alrededor del
pozo seco
mauro es un hombre, ahora,
ha hecho dinero, hijos,
sólo persiste en él, de lo que
era, los ojos oscuros
con pestañas de muñeca
yo, en cambio, sigo atada
al hábito de esas tardes
y sigo caminando el círculo del pozo,
jugando al animal ciego
sólo que ahora la sed
es verdadera
y el deseo de agua es real
y no fingido
construyeran los edificios ostentosos,
las oficinas asépticas de la calle
belgrano, los negocios de chucherías,
hubo un baldío
y en el centro, un malacate
allí íbamos, con mauro lesjtch,
algunas siestas, a jugar
que éramos caballos ciegos y dábamos
vueltas alrededor del
pozo seco
mauro es un hombre, ahora,
ha hecho dinero, hijos,
sólo persiste en él, de lo que
era, los ojos oscuros
con pestañas de muñeca
yo, en cambio, sigo atada
al hábito de esas tardes
y sigo caminando el círculo del pozo,
jugando al animal ciego
sólo que ahora la sed
es verdadera
y el deseo de agua es real
y no fingido
jueves, octubre 30, 2008
la creciente
esa noche vino la creciente, y trajo
muebles viejos, mugre
de los canales vecinos,
botellas
víboras
se va a llevar todo, dijo
mi madre
y me imaginé los huesitos de enzo
flotando en la corriente, al lado
de los canteros de verdura,
me imaginé su ropa última
roída por las polillas y la fiebre, me imaginé
sus uñas crecidas,
las hebritas de pelo rubio
entre los alambres del portón
entonces me apuré a encender el sol
de noche en la cocina,
a tapar la puerta con las bolsas de arena,
esperando que la muerte no pasara,
que siguiera el curso
del agua, hacia el naciente,
donde las tierras son bajas
y crece el alepo,
y la enredadera azul
muebles viejos, mugre
de los canales vecinos,
botellas
víboras
se va a llevar todo, dijo
mi madre
y me imaginé los huesitos de enzo
flotando en la corriente, al lado
de los canteros de verdura,
me imaginé su ropa última
roída por las polillas y la fiebre, me imaginé
sus uñas crecidas,
las hebritas de pelo rubio
entre los alambres del portón
entonces me apuré a encender el sol
de noche en la cocina,
a tapar la puerta con las bolsas de arena,
esperando que la muerte no pasara,
que siguiera el curso
del agua, hacia el naciente,
donde las tierras son bajas
y crece el alepo,
y la enredadera azul
martes, octubre 28, 2008
281008
(a V. P., que lo va a -dolorosamente- entender)
en el pavimento de la calle
queda, por la tarde,
la sangre seca de las perras
en celo
algunos
-lo he visto-
las agarran del cuello y las hacen morir:
no soportan la líbido gloriosa
que alborota los machos,
los mechones de pelo en las puertas de alambre,
el olor rijoso del orín
en los carteles de las tiendas
las perras son dóciles al entrar
en las bolsas de nylon
obedecen y se pliegan al tamaño,
enarcan los huesos,
se acomodan a la muerte,
al silencio
conozco esa mansedumbre de haberla ejercido
basta tocar la marca roja en el cuello
para evocar soga
y dueño,
pero yo mordí esa mano
y ahora tengo esta libertad
grande
en que me asfixio
en el pavimento de la calle
queda, por la tarde,
la sangre seca de las perras
en celo
algunos
-lo he visto-
las agarran del cuello y las hacen morir:
no soportan la líbido gloriosa
que alborota los machos,
los mechones de pelo en las puertas de alambre,
el olor rijoso del orín
en los carteles de las tiendas
las perras son dóciles al entrar
en las bolsas de nylon
obedecen y se pliegan al tamaño,
enarcan los huesos,
se acomodan a la muerte,
al silencio
conozco esa mansedumbre de haberla ejercido
basta tocar la marca roja en el cuello
para evocar soga
y dueño,
pero yo mordí esa mano
y ahora tengo esta libertad
grande
en que me asfixio
miércoles, octubre 22, 2008
Aprendizaje
mi padre arrima la silla a la ventana
mira llover
mira bien, la lluvia, con fuerza,
sabe
que pronto no habrá esa
ni otras, sabe
que no habrá nada
yo también sé esas cosas
por eso me siento cerca y aprendo
cómo mira la gente en esos casos,
con qué profunda avidez,
con qué rara,
definitiva sed
mira llover
mira bien, la lluvia, con fuerza,
sabe
que pronto no habrá esa
ni otras, sabe
que no habrá nada
yo también sé esas cosas
por eso me siento cerca y aprendo
cómo mira la gente en esos casos,
con qué profunda avidez,
con qué rara,
definitiva sed
viernes, septiembre 19, 2008
La niña de aprender.
hola, la niña de aprender
así te llamaban, deolinda,
los que iban a coger con tus trece años,
con la piel intacta de noche y tierra,
con tus zapatillas de ir a la escuela
¿te acordás, niña de aprender,
lo que me contaste atrás del ombú?
me dijiste:
“mi mamá se sube a la cama
y me dice que los toque ahí”
y te movías, como una serpiente
sobre la arena,
brillante y ronca de haber fumado,
sucia de la noche anterior,
toda lumbre oscura
a la hora de convidarme
el gajo de las naranjas
y el jugo caía, dulce y fresco,
sobre las rodillas de vos
y de mí,
y nos reíamos al abrirnos
las blusas,
y mostrarle los pechos nacientes
al sol,
y todo era una hora
donde la muerte comenzaba
a besarnos los ojos
así te llamaban, deolinda,
los que iban a coger con tus trece años,
con la piel intacta de noche y tierra,
con tus zapatillas de ir a la escuela
¿te acordás, niña de aprender,
lo que me contaste atrás del ombú?
me dijiste:
“mi mamá se sube a la cama
y me dice que los toque ahí”
y te movías, como una serpiente
sobre la arena,
brillante y ronca de haber fumado,
sucia de la noche anterior,
toda lumbre oscura
a la hora de convidarme
el gajo de las naranjas
y el jugo caía, dulce y fresco,
sobre las rodillas de vos
y de mí,
y nos reíamos al abrirnos
las blusas,
y mostrarle los pechos nacientes
al sol,
y todo era una hora
donde la muerte comenzaba
a besarnos los ojos
sábado, septiembre 06, 2008
Los albañiles me gustan...
los albañiles me gustan
llegan en bandada, un día,
al terreno baldío, al gran hueco,
con su música de cuarteto
en las radios
llegan gritando, llegan
puteando al trompa,
codiciándole la mujer que nunca vieron,
llegan para lastimarse,
para caerse de los andamios,
para romperse la médula jugando
a los angelitos,
llegan para ponerle el hombro
al asunto
y el asunto es acarrear tierra,
arena, agua, cemento,
el asunto,
lo que los cogotudos de la zona
dirían business, es
hacerlo 8, 10, 12 horas seguidas,
con el sol bravo de la siesta,
hacerlo, con el viento sur
del invierno,
hacerlo cansados, poner
ladrillo sobre ladrillo,
sin llorar histéricos por ninguna
cuestión metafísica, porque el tiempo
que les sobra del día
-y siempre son miguitas-
hay que usarlo
para comer,
para bañarse,
para hacerle el amor a la mujer y mirar
cómo crecen los hijos
me gustan, los albañiles,
me gustan
porque todavía tienen tiempo
de gritarnos obscenidades a las mujeres,
de sonreírnos en la vía pública,
de hacernos saber que nos ven,
que nos escuchan el taconeo,
que se fijaron
en el brillo del pelo
me gustan porque cuando se van,
donde había un vacío,
de pronto hay una casa,
una casa armoniosa y a prueba
de tormentas,
es justo recordar de quién fueron las manos,
es justo
llegan en bandada, un día,
al terreno baldío, al gran hueco,
con su música de cuarteto
en las radios
llegan gritando, llegan
puteando al trompa,
codiciándole la mujer que nunca vieron,
llegan para lastimarse,
para caerse de los andamios,
para romperse la médula jugando
a los angelitos,
llegan para ponerle el hombro
al asunto
y el asunto es acarrear tierra,
arena, agua, cemento,
el asunto,
lo que los cogotudos de la zona
dirían business, es
hacerlo 8, 10, 12 horas seguidas,
con el sol bravo de la siesta,
hacerlo, con el viento sur
del invierno,
hacerlo cansados, poner
ladrillo sobre ladrillo,
sin llorar histéricos por ninguna
cuestión metafísica, porque el tiempo
que les sobra del día
-y siempre son miguitas-
hay que usarlo
para comer,
para bañarse,
para hacerle el amor a la mujer y mirar
cómo crecen los hijos
me gustan, los albañiles,
me gustan
porque todavía tienen tiempo
de gritarnos obscenidades a las mujeres,
de sonreírnos en la vía pública,
de hacernos saber que nos ven,
que nos escuchan el taconeo,
que se fijaron
en el brillo del pelo
me gustan porque cuando se van,
donde había un vacío,
de pronto hay una casa,
una casa armoniosa y a prueba
de tormentas,
es justo recordar de quién fueron las manos,
es justo
viernes, agosto 29, 2008
Razones de gravedad.
cuando el viento es de agosto y pega,
como ahora,
en la cara,
y se levantan remolinos de hojas,
de papeles manchados con grasa,
pienso en vos
no hay nada romántico en esto
es más simple:
tengo la cabeza sucia
con tus ojos, tengo
los oídos llenos
del coltrane viejo que usamos
esa tarde, ¿o fue
un mingus?
por eso voy por la ruta y escucho
cuando el chofer le dice a otro
que le gusta el viento porque levanta
-dice ‘levanta’ con lascivia-
la pollerita de las pendejas,
y veo el caballo flaco arrastrando
el carro de arena,
y después quiero estar ciega
cuando se sienta a mi lado
una mujer con cáncer
de pecho,
y todo, todo, todo,
me arrastra a vos
pero no pienses en el amor:
lo mismo corre el agua sucia
hacia la cloaca
y es sólo un efecto
de la gravedad
como ahora,
en la cara,
y se levantan remolinos de hojas,
de papeles manchados con grasa,
pienso en vos
no hay nada romántico en esto
es más simple:
tengo la cabeza sucia
con tus ojos, tengo
los oídos llenos
del coltrane viejo que usamos
esa tarde, ¿o fue
un mingus?
por eso voy por la ruta y escucho
cuando el chofer le dice a otro
que le gusta el viento porque levanta
-dice ‘levanta’ con lascivia-
la pollerita de las pendejas,
y veo el caballo flaco arrastrando
el carro de arena,
y después quiero estar ciega
cuando se sienta a mi lado
una mujer con cáncer
de pecho,
y todo, todo, todo,
me arrastra a vos
pero no pienses en el amor:
lo mismo corre el agua sucia
hacia la cloaca
y es sólo un efecto
de la gravedad
Agua.

a los siete, una mañana de verano,
me tiré al tanque desnuda
un verdín viejo y neblinoso
ocultaba los peces,
breves
y violentos
que fueron a morderme
los pies
hubo algo sexual en la manera
en que los dientes, y la carne,
y la sangre de todos
se mezcló
con
la asfixia,
con el miedo de la muerte,
con el espasmo tembloroso
en que brillamos
al unísono
me tiré al tanque desnuda
un verdín viejo y neblinoso
ocultaba los peces,
breves
y violentos
que fueron a morderme
los pies
hubo algo sexual en la manera
en que los dientes, y la carne,
y la sangre de todos
se mezcló
con
la asfixia,
con el miedo de la muerte,
con el espasmo tembloroso
en que brillamos
al unísono
Nota: La imagen pertenece a Elena Kalis.
jueves, agosto 28, 2008
lunes, agosto 18, 2008
La poesía y yo seremos buenas amigas.
siempre fue una vieja de mierda
pero a veces lo fue menos
hubo horas en que me ponía
caramelos ácidos bajo la lengua,
me hacía la cruz de la frente,
me hacía cosas en la pieza,
y después abría
un poquito la ventana
para que mirara
a las otras nenas que jamás
jamás
se ensuciaban con tierra
que jamás jamás
escribían en los pantalones
de los chicos
ahora paso por su casa
le apedreo las ventanas,
le echo sal en los canteros
para que se le pudran los geranios
díscolos,
le escupo el número de bronce,
le espanto los gatos haciendo
aullidos de loba,
de perra
cuando también envejezca
y, como ella, salga a la calle
a levantarme la bata con florcitas,
y no tenga quien me escuche,
y la lengua no me sirva más
que para babear la miga del pan,
empujarme las pastillas del sueño,
entonces
me sentaré con ella en la vereda,
charlaremos despacio de los muertos,
veremos los hombres fuertes a través
del muro de piedras
que arrojé con estas manos,
con estas mismas manos
que ahora la odian
pero a veces lo fue menos
hubo horas en que me ponía
caramelos ácidos bajo la lengua,
me hacía la cruz de la frente,
me hacía cosas en la pieza,
y después abría
un poquito la ventana
para que mirara
a las otras nenas que jamás
jamás
se ensuciaban con tierra
que jamás jamás
escribían en los pantalones
de los chicos
ahora paso por su casa
le apedreo las ventanas,
le echo sal en los canteros
para que se le pudran los geranios
díscolos,
le escupo el número de bronce,
le espanto los gatos haciendo
aullidos de loba,
de perra
cuando también envejezca
y, como ella, salga a la calle
a levantarme la bata con florcitas,
y no tenga quien me escuche,
y la lengua no me sirva más
que para babear la miga del pan,
empujarme las pastillas del sueño,
entonces
me sentaré con ella en la vereda,
charlaremos despacio de los muertos,
veremos los hombres fuertes a través
del muro de piedras
que arrojé con estas manos,
con estas mismas manos
que ahora la odian
miércoles, agosto 13, 2008
domingo, agosto 10, 2008
1008
cuando nací ya tenía esta sed,
estas preguntas,
ya estaba destinada a la sangre
que baja por las piernas
cuando nací ya sabía
morder el polvo y levantarme
no con aire de triunfo
no con la corona de reinita en la cabeza,
sino saboreando,
grano a grano
la arena de las encías,
el gusto a herida,
mi propia boca que aprendió
que el silencio es una hostia
que se traga entera
o una piedra caliente
una sardina viva
brillante y pestilente
sí,
pero viva,
dando golpes,
esperando el aire
que se espera y que no llega
el silencio es mi animal
y yo soy el animal
de dios
(no tan pudoroso
no tan terso)
estas preguntas,
ya estaba destinada a la sangre
que baja por las piernas
cuando nací ya sabía
morder el polvo y levantarme
no con aire de triunfo
no con la corona de reinita en la cabeza,
sino saboreando,
grano a grano
la arena de las encías,
el gusto a herida,
mi propia boca que aprendió
que el silencio es una hostia
que se traga entera
o una piedra caliente
una sardina viva
brillante y pestilente
sí,
pero viva,
dando golpes,
esperando el aire
que se espera y que no llega
el silencio es mi animal
y yo soy el animal
de dios
(no tan pudoroso
no tan terso)
sábado, agosto 02, 2008
Las criaturas...
las criaturas de la peste han entrado aquí:
yo lo vivo con horror
y con calma
y las veo retozar desnudas por la casa,
las adivino moliendo vidrio en mi
taza de té,
las escucho incendiando los rosales,
el caballo,
la cama en que ya no puedo dormir
todo para que yo grite,
para que muerda,
para que ellas puedan ver
mi sangre,
mi lengua,
el pozo de mi lengua
claro,
feroz
yo lo vivo con horror
y con calma
y las veo retozar desnudas por la casa,
las adivino moliendo vidrio en mi
taza de té,
las escucho incendiando los rosales,
el caballo,
la cama en que ya no puedo dormir
todo para que yo grite,
para que muerda,
para que ellas puedan ver
mi sangre,
mi lengua,
el pozo de mi lengua
claro,
feroz
lunes, julio 28, 2008
Cosas mías.
la gente de mi pueblo ha visto un edificio
y ha dicho ‘oh, un edificio más alto que una casa
más alto que diez hombres,
más alto que ocho tractores puestos
uno encima del otro,
más alto que el mástil y las antenas’
sálveme Cristo, dice una señora
tocándose la teta izquierda,
esto es inaudito, dice
el caballero
tocándose otras partes
todos mirando para arriba, están,
todos, llenando de baba las calles,
todos excitados, muertos de miedo,
boquiabiertos,
sudorosos,
porque ocurre que por primera vez
han notado
que allá arriba del edificio
en un árbol grande y grande
anida el dragón
que un día
arrasará
y quemará la aldea
y ha dicho ‘oh, un edificio más alto que una casa
más alto que diez hombres,
más alto que ocho tractores puestos
uno encima del otro,
más alto que el mástil y las antenas’
sálveme Cristo, dice una señora
tocándose la teta izquierda,
esto es inaudito, dice
el caballero
tocándose otras partes
todos mirando para arriba, están,
todos, llenando de baba las calles,
todos excitados, muertos de miedo,
boquiabiertos,
sudorosos,
porque ocurre que por primera vez
han notado
que allá arriba del edificio
en un árbol grande y grande
anida el dragón
que un día
arrasará
y quemará la aldea
martes, julio 22, 2008
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